La papeleta de elegir gobierno

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Una de las disyuntivas del columnista cuando llega la campaña electoral es decidir si escribe sobre las elecciones o sobre cualquier otro tema. Si escribe sobre los partidos, sus líderes y lo que pasará o no el 26 de junio, parece que no haya pasado nada más en el planeta; si, por el contrario, elige un asunto alternativo, parece que el que no está en el planeta sea él. Para ser sinceros, que levante la mano quien no esté un poco hasta las narices de esta campaña eterna en la que nos hemos visto inmersos desde el pasado mes de diciembre. 
Los sesudos analistas políticos consideran que es importante el debate, que los votantes estén informados para poder elegir en libertad y no les falta razón. También es cierto que las lentejas son muy saludables y una gran fuente de hierro, pero como plato único para desayunar, comer y cenar pueden acabar saturando.
En el sprint final, los partidos se esfuerzan por meter la cabeza y conseguir esos metros que les pueden dar vencedores en la foto finish. Insisten en sus mensajes, por si queda alguien que todavía no se ha enterado y, si los ha oído pero todavía cree que no debe votarles, le vuelven a insistir porque seguramente no lo ha oído bien. Empezamos la campaña con la mano tendida y la acabamos, al igual que sucedió con la anterior, con la mano abierta para zoscarle de lo lindo a ese rival que el 27-J vamos a necesitar para dialogar, pactar, pedirle que se abstenga o lo que proceda, según el caso.
El sufrido elector empieza a estar un poco hasta el gorro de tanta paliza dialéctica y tan poca concreción en los mensajes. Algún incauto hasta hace el esfuerzo de fijarse en las promesas electorales para tratar de tener menos dudas cuando se encuentre el domingo con el papelón de tener que elegir papeleta para meter en la urna. Pero, entre tanto ruido, resulta difícil concentrarse en algo más que en las líneas rojas y el consabido “yo con ese no pacto” que, a partir del lunes, podría transformarse en algo similar a aquel eslogan del PSOE con lo de “OTAN, de entrada no” que acabó convirtiéndose en “Igual, de entrada sí”. 
A la espera de los resultados que valen, que son los de las urnas, ayer se publicaron las últimas encuestas electorales, en ese especie de costumbre atávica de cuando las noticias eran solamente de papel. Con la llegada de internet y de la información online a cualquier hora y en cualquier momento y lugar –sumadas a la hemeroteca digital y a las búsquedas en ese oráculo de Delfos moderno que se llama Google– lo cierto es que la prohibición ya no tiene demasiado sentido. 
Para los que estén saturados de tanta campaña electoral, la buena noticia es que –a falta de que lleguen las autonómicas gallegas– solamente quedan seis días para saber quién ha ganado las elecciones; la mala es que en saber quién gobernará igual tardamos un poco más. 

La papeleta de elegir gobierno