SOMOS REVOLUCIÓN PERMANENTE

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El problema es que algo no va bien con los que mandan, los amos, y tampoco con los que deciden dejarse mandar, el pueblo.
Sabemos mucho y somos capaces de hacer mas pero por alguna razón asumimos como herramienta de trabajo el conformismo y así el presente y el futuro dependen de antojos, despropósitos disfrazados de razones e intereses inconfesables que ponemos en manos  de politiqueros profesionales, sin otra garantía que una opción de cambio cada cuatro años. Y así pasa la vida entre mansos mentirosos de ideas perdidas, violentos paladines de ideologías  trasnochadas y anacrónicos inventores de nuevas  viejas fórmulas mágicas.
En todo caso, no se si por aquello de las modernidades, me encuentro con que ahora existe algo que no es izquierda ni derecha pero tampoco centro.
Quienes se definen de semejante manera prefieren ser identificados con la izquierda y no con la derecha, pero sin decir que son socialistas o comunistas.
Parece que no está de moda decir la verdad porque la verdad hace restar votos. Somos lo que somos y sostenemos este ser con lo que hacemos,  sin otro límite que nuestras propias miserias. Perdida la coherencia solo es posible vender falacias con pies de barro.
Somos capaces de indignarnos, sin duda, y tenemos mil razones para hacerlo pues pocas cosas van bien, pero la indignación de salón, a puerta cerrada, cervecera, extrarradio es mas bien inútil. Si no somos capaces de entender que el mañana  va a ser fruto del hoy es porque nos hemos resignado y, de tanto resignarnos,  nos hemos perdido de camino a la revolución que está por venir.
La indignación, como sentimiento,  mana a través de las ideas e ideales y si bien la izquierda se ha desdibujado o pervertido en las siglas de mas de un partido, no parece necesario inventar otra cosa incapaz de sostenerse sobre sus falsos pilares.
Tenemos que entender que no se pelea con armas de ayer en las guerras de mañana pero también que en la guerra dialéctica es imprescindible aplicar la reflexión y el debate por encima de la mera improvisación o la estrategia electoral.
La indignación sin el motor de las ideas es rabia y poco más. Para cambiar las cosas tenemos que mirar fijamente a los ojos de la realidad y plantarle cara, sin miedo. Si no intervenimos,  la democracia terminará por ser la cáscara vacía de una buena idea.
El proceso electoral se me antoja convertido en una curiosa peripecia que se anula a si misma: votamos y hacemos grande la palabra democracia pero al mismo tiempo entregamos nuestra capacidad para seguir decidiendo hasta una nueva consulta. Renunciamos al ejercicio democrático ejerciendo el derecho a votar.
La participación permanente, la cultura de la participación nos hace realmente libres y salva la frágil piel de la democracia del desgaste por la acción de un poder político, convertido en clase,  capaz de olvidar que actúa por mandato del pueblo y con la confianza de cumplir un programa.
Yo creo que la razón que ha hecho fracasar a los partidos tradicionales de izquierdas  ha sido precisamente la renuncia a sus principios, haciendo políticas neoliberales y alejándose de sus raíces  para acercarse al centro ideológico, sea lo que sea eso.
Buena parte de la izquierda de hoy se ha puesto al servicio del marketing electoral y  ya no sabe defenderse como alternativa real a la derecha.
El problema es que el socialismo como  ideología está llena de promesas y respuestas a una sociedad dominada por el capital, así,  cuando se diluye, por un puñado de votos, las decepciones crecen sin parar.
El capitalismo y sus defensores no tienen ese problema pues desde allí no se promete nada.
¿Por qué está de moda convertir los nuevos partidos políticos en algo que pretende no parecerse a nada que pueda estar inventado? ¿Por qué tienen miedo a manifestar su indignación advirtiendo que las ideas con las que quieren cambiar el orden de las cosas son de izquierdas? Las revoluciones han tenido siempre un sentido ideológico fiel a la izquierda y  parece que lo que ahora  toca es buscar un cambio a  través de la participación activa y esta participación viva es revolución.

SOMOS REVOLUCIÓN PERMANENTE