CONSENSO IMPOSIBLE

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Hace unas semanas el ministro Wert se autodefinía en el Congreso como una persona de muy buen natural. Y parece cierto. El titular de Educación y Cultura se ha convertido en la bestia negra de la oposición y, muy concretamente, del Partido Socialista. Tal vez porque le consideraban uno de los suyos y no le perdonan que se haya puesto a remar con el Gobierno del Partido Popular. Tal vez también porque es un hombre que conecta bien con los medios y la opinión pública.

Pero ya se sabe: el PSOE olvida a los anodinos y practica la fijación con quien le hace daño. El ministro, sin embargo, no pierde las formas, se explica con bastante claridad y, siempre sonriente, aguanta lo inaguantable. Y por si fuera poco, incluso en medio del fragor suele terminar sus intervenciones con una llamada al diálogo y al consenso.

Desde luego, tiene uno que recomerse en su interior ante osadías como la de los fundadores y apóstoles de la Logse, quienes con ocasión de unos inevitables y parcos ajustes contables exigidos por la reducción del déficit público –eso significan los cuestionados recortes en educación- pretenden cargar sobre el Partido Popular la responsabilidad de una “generación perdida”.

Si hoy, y por sólo eso, la oposición y muy especialmente el Partido Socialista hablan de “días aciagos”, de “enormes sufrimientos”, de “la mayor agresión a la educación pública de nuestra historia democrática”, de despidos “masivos”, de desmantelamientos y de desguaces, no sé lo que harán, ni qué incendios en calles y aulas promoverán, ni qué nuevas grandilocuencias proferirán cuando, en la reforma que el Gobierno se propone llevar a cabo, se toque de verdad el sistema educativo en su conjunto, con el contenido ideológico subyacente.

Muy mucho me temo, pues, que a pesar de la voluntad dialogante del ministro Wert el consenso en este ámbito con el principal partido de la oposición va a ser imposible. Rememorando al Date, bien podría decirse aquello de “perded toda esperanza vosotros que entráis aquí”. O el PP echa mano sin contemplaciones ni complejos de la mayoría absoluta con que cuenta en las Cámaras, o nada tendrá que hacer. Aunque la izquierda, con el PSOE a la cabeza, le incendie calles y aulas.

En política educativa el Partido Socialista no admite otra que la suya. En la primera legislatura de José María Aznar Esperanza Aguirre no pudo llevar adelante la reforma que pretendía por no contar con la mayoría requerida. En la segunda, ya con mayoría absoluta, a duras penas lo consiguió Pilar del Castillo. Y ya se sabe cuál fue una de las primerísimas medidas de Rodríguez Zapatero: cargarse la recién alumbrada LOCE sin haberla dejado siquiera entrar en vigor. Esto es lo que hay.

 

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