Treinta años después

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He tenido la suerte de asistir y participar en un acto cargado de simbolismo: el trigésimo aniversario en el que un grupo de veintiséis mujeres ingresaron en el Ejército. Imagino a estas veintiséis mujeres enfrentándose a prejuicios, incomprensiones y dificultades de todo tipo, pero sin duda su determinación, voluntad y valía sirvió para ir desbrozando el camino para que hoy, treinta años después, sean más de quince mil las mujeres que forman parte de nuestros Ejércitos. Una cifra equiparable a la de otros países miembros de la OTAN.
Este aniversario debería de servir también para reflexionar sobre los cambios que se han ido produciendo en nuestra sociedad en lo que se refiere a la consecución de la igualdad entre hombres y mujeres. Y es que no hace tanto que el mundo de la milicia era considerado un estamento exclusivamente masculino y sin embargo como dejo dicho la hoy coronel Patricia Ortega (que fue la primera mujer admitida en las FAS en el Cuerpo de Ingenieros Superiores de Armamento y Construcción) “el espíritu militar no tiene nada que ver con el sexo”. Y yo me permito añadir que no solo el espíritu militar tampoco el compromiso con la defensa de un país como han demostrado no pocas mujeres a lo largo de los siglos, porque cuando nos hemos visto obligadas por las circunstancias, las mujeres no hemos sido del todo ajenas al oficio de las armas.
Y sí, las cosas han cambiado para bien desde aquel año de 1988 en que con Felipe González como presidente el gobierno aprobó la incorporación de las mujer a las Fuerzas Armadas aunque esa incorporación se circunscribió a 24 Cuerpos y Escalas. Once años después se aprobó una Ley de Régimen de Personal de las FAS en las que se daba vía libre a que las mujeres accedieran a todos los cuerpos, escalas y destinos.
Pero vuelvo a esas primeras mujeres que ingresaron en el Ejército, ha conocido a alguna de ellas y debo decir que me han impresionado sus historias, las dificultades que afrontaron para conciliar la vida familiar con el Ejército y como esas dificultades aún persisten, porque esa es una cuestión pendiente en todos los estamentos sociales. Por eso bienvenido sea el compromiso de la ministra de Defensa, Margarita Robles, de proveer de guarderías a los cuarteles. Ojalá la ministra de Hacienda sea sensible a esta iniciativa de la ministra de Defensa.
Después de conversar con un grupo de mujeres militares me llevo la impresión de que la sociedad española debería de conocerlas más, saber lo que hacen, valorar su enorme profesionalidad y su preparación.
También me parece muy interesante la propuesta de la ministra Robles de potenciar el papel de las mujeres militares como “agentes de paz” en las misiones internacionales.
Ojalá Margarita Robles pueda llevar adelante estos dos compromisos. Sería la mejor manera de celebrar este trigésimo aniversario.

Treinta años después