PLAZAS DE FERROL: ¿CRISOL DE IDEAS O LABORATORIO DE OCURRENCIAS ?

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La plaza es un ámbito social privilegiado donde el pueblo escribe su historia diaria mientras tiene lugar la coexistencia pacífica de niños, jóvenes y mayores. A lo largo del día se turnan en su uso los jubilados por la mañana, los niños por la tarde, y los paseantes de perros y los adolescentes por la noche. También los marginados de un sistema que no les ofrece alternativas dignas se instalan en ellas, proclamando de manera desgarrada su derecho a vivir. 
 Las plazas de Ferrol, incluyendo los Cantones, muestran su degradación debida al descuido municipal y las agresiones de las nocherniegas tribus urbanas, apareciendo en mal estado sus plantas y jardines, deteriorados sus monumentos y con materiales inadecuados en sus pavimentos. A pesar de ello ahí están y siguen siendo el corazón donde late la ciudad.
 En Ferrol, las dos plazas del racional barrio de la Magdalena, Armas y Amboage, fueron concebidas como centros bipolares de la cuadrícula urbana. Armas se convirtió, tras la construcción del aparcamiento subterráneo, en un lugar desangelado y totalmente mediocre. Amboage es la única plaza ferrolana que conserva sus esencias, pero el excesivo espacio ocupado por las terrazas de las cafeterías constituye una agresión al ciudadano. 
 La plaza de España constituye un ejemplo de deconstrucción de un espacio urbano. Se pudo proyectar una plaza de horizontes despejados, realzando un privilegiado lugar de entrada a la ciudad; diseñar el necesario aparcamiento que permitiese una adecuada distribución subterránea de entrada y salida de la urbe, en lugar del absurdo túnel actual; dedicar su amplia superficie a zonas verdes y de ocio; y recuperar su hermosa fuente. En su lugar se prefirió convertirla en un desolado espacio urbano donde los políticos crearon un laboratorio de delirantes experimentos.
Mientras la plaza de la Constitución apenas constituye hoy un frío marco ciudadano para el montaje de ferias y atracciones portátiles, y la que fue atractiva Praza Vella es un triste escenario rodeado de viviendas en ruinas, desaparecieron como tales otras plazas de Ferrol, lo que otrora los urbanistas llamaron modelos en turbina, nacidas como lugar de paso y nexo de unión entre el centro y los barrios históricos. Hablamos de las plazas de Capitanía, Angustias, Callao y Galicia, hoy atosigadas por la circulación rodada.  
Muy pocos son los rincones de Ferrol que podemos llamar plazoletas. La del Crucero de Canido, agobiada de bolardos y demás engendros del mobiliario urbano, y la de Sánchez de Aguilera, descuidada y con su mediocre monumento al fundador del Hospital de Caridad, han perdido totalmente su encanto. Encanto que todavía mantiene una singular plaza dentro del Arsenal Militar, la de la Sala de Armas, abierta al mar como la lisboeta Plaza del Comercio.
Otro día hablaremos de las otras plazas de la ciudad: Inferniño, Sevilla, Rosalía de Castro, Ultramar, Ilustración o Caranza. Hoy basta con ese anuncio del concurso para remodelar la Plaza de Armas, acompañado de una consulta de ideas a los ciudadanos. Que haya suerte y esperemos que no llegue hasta allí la sombra alargada de la Plaza de España. 
Ligado con las plazas está el controvertido tema de la peatonalización. Se sigue con foros y reuniones, y se hacen comparaciones, no siempre afortunadas, de Ferrol con otras ciudades. El Concello debe considerar los factores que inciden en el tema: hay que solucionar el serio problema del aparcamiento; se tiene que mejorar el transporte público; hay que elegir los adecuados interlocutores entre los vecinos y comerciantes, en vez de esotéricos personajes. Pero si realmente lo que se busca es la desertización de la ciudad (fuera coches y fuera peatones), que sigan colocando maceteros y bolardos, y encargando a los chapuceros de siempre la colocación de los peligrosos adoquines. 
 

PLAZAS DE FERROL: ¿CRISOL DE IDEAS O LABORATORIO DE OCURRENCIAS ?