Minas en la Luna

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La carrera espacial fue una pugna entre los Estados Unidos y la Unión Soviética que se desarrolló desde finales de los años cincuenta hasta mediados de los setenta. En plena Guerra Fría, los líderes de cada uno de los dos bloques se empeñaron en una competición por explotar el espacio exterior. Una carrera psicológica en la que demostrar la supremacía de uno u otro. Ser el primero en lanzar un satélite. El primero en poner en órbita un ser vivo. El primero en poner un astronauta en el espacio. Durante buena parte de la carrera los soviéticos estuvieron por delante. Sin embargo, el gran premio que era poner el pie sobre la luna, se lo acabó llevando los Estados Unidos, con el alunizaje en 1969 del Apolo y casi finiquitando esta carrera. La competición entre los dos seguiría unos años más, en los que se llegarían a llevar a cabo otros cinco alunizajes. Pero el declive de la Guerra Fría y los costes cada vez mayores de mantener el programa espacial hicieron que se perdiera el interés. Dejamos de soñar con colonias en la luna para marcarnos un nuevo reto: la conquista de Marte. La imaginación del hombre va muchas veces por delante y marca el camino a seguir. Así fue que la Luna, que durante tantos años despertó nuestra atención, acabó por convertirse en solo un pedazo de roca frío y desangelado. Tanto es así que hace cuarenta años que nadie pone un pie sobre ella. Ahora parece que el satélite vuelve a ponerse de moda. Y es que la empresa Moon Express acaba de conseguir la autorización para enviar una sonda robotizada a la superficie lunar. Esta decisión supone la creación de un marco legal para facilitar la exploración y explotación de un satélite de soberanía internacional. ¿Pero que puede haber en la Luna que despierte el interés de la empresa privada? La explotación minera por ejemplo. Allí podrían extraerse desde minerales como el platino hasta el helio-3, un isótopo abundante en el satélite y que se perfila como el posible origen de energía de fusión limpia. El pasado noviembre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, firmaba una ley con la que se permite a ciudadanos estadounidenses reclamar propiedad de asteroides si son capaces de explotarlos. Se busca con esta ley poner las bases de la futura minería espacial. Una nueva fiebre del oro se aproxima, aunque esta vez en lugar de carretas será sobre cohetes espaciales.
 

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