Feijóo, ante el espejo

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Dicen los periodistas afincados en la capital del Reino que o noso presidente circula por la política con un ojo puesto en el espejo retrovisor para no perder de vista lo que va dejando atrás y, por si acaso, alguien le hace algún gesto pidiéndole socorro. 
Es una metáfora que se traduce así: soy el gran jefe en Galicia y, también, el favorito en amplios sectores de la Corte que aún le tienen en la lista de los posibles sustitutos para enderezar la nave que sufre los embates en el mar de la política con un timonel que da más tumbos que un pirata con pata de palo y mucho whisky encima.
Además, dicen los que le conocen, aquí se aburre. Y de vez en cuando da lo que se llama como señal de vida y pide las mismas transferencias de competencias que Cataluña y el País Vasco cuando lleva milenios sin pedir ni agua. 
Y la jugada es doble: se desmarca de la política autonómica de Pablo Casado, que quiere volver a la España centralista de cara a los sectores liberales y, en casa, gana adeptos entre los que no recuerdan, lo no quieren recordar, que durante la larga etapa de Rajoy no dijo ni “mu”. 
En el último pleno del Parlamento autonómico la oposición dio con el primer problema grave: la sanidad pública en Galicia recordándole la dimisión en el mes de diciembre de una veintena de jefes del servicio de atención primaria, la huelga en el Clínico de Santiago, las protestas de los PAC, entre otros, a los que el señor Feijóo contrapuso ¡los problemas de En Marea, el Bloque y el PSOE!, aunque dejó un reproche: los grandes partidos –el Partido Popular y PSOE– perdieron el rumbo.
Si la oposición dejara de enredar poniéndose chinitas los unos a los otros, le pedirían que en vez de mirar alrededor posara la vista aquí, en este paisaje, que según datos irreversibles, está hecho una pena: en Galicia sube la demanda en los comedores sociales, que tienen como clientes asiduos a desempleados de larga duración: hombres entre los  cuarenta y sesenta años que ya no volverán al mercado laboral. 
La Institución Benéfica Padre Rubinos alerta de que en sus cien años de existencia nunca, como hasta ahora, habían llegado a cantidades tan elevadas de personas a las que tenía que prestar ayuda.
Y ¿qué quieren que le cuente sobre los problemas de la sanidad pública? Al cabreo de la población se suman los sanitarios, por citar otro problema que inquieta al personal. 

Feijóo, ante el espejo