ALGUNAS CUESTIONES SOBRE EL NAVAL

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En los últimos días no han faltado voces que se contradicen a la hora de entender el alcance que tiene el sector naval para la comarca de Ferrol. El reciente anuncio de la construcción de un Buque de Acción Marítima (BAM) en los astilleros ferrolanos es, sin duda, un chorro de agua fresca para Navantia que viene a complementar la construcción del barco hotel para Pemex. Lejos en cualquier caso de incidir en las naturales críticas que se derivan del hecho de que el anuncio de su construcción coincida con el arranque de la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo, lo cierto es que tampoco significa la salvación, al menos a corto plazo, de las factorías locales en cuanto a ocupación ni, mucho menos, del crítico estado en que se hallan las compañías auxiliares.  La enorme capacidad de producción del astillero ferrolano demanda concreción, lo que obliga necesariamente a una mayor ocupación, sobre todo si se tiene en cuenta que las subcontratas son germen indispensable del resto de la actividad económica de la zona, como bien se ha dejado sentir en el ámbito comercial y hostelero, especialmente, pero también en sectores otrora tan prósperos como el inmobiliario.
El Gobierno central ha optado por una solución salomónica en cuanto a  dotar de una mínima carga de trabajo a los astilleros públicos, de forma que no solo redunde en una única factoría. La también agobiante necesidad de los astilleros de Cádiz obliga a ello. A diferencia de ocasiones anteriores, en que tal demanda propició el desvío hacia el sur de buques tradicionalmente construidos en Ferrol, en este caso se trata de todo lo contrario. Es ahora la factoría andaluza la que reclama para sí, al margen del que ya va a abordar, el BAM destinado a Ferrol. Cuestión lógica, por otro lado, si se asume que han sido siempre sus gradas las encargadas de levantar este tipo de buques.
Y es que lo que Ferrol demandaba, y lo que se sigue esperando, sobre todo de cara a asentar la necesaria recuperación laboral de la factoría gallega, es un buque de mayor dimensión y capacidad, que también la Armada demanda. Solo este tipo de contrato puede afianzar el futuro a medio plazo y dejar incluso en un segundo plano aspectos de menor envergadura –al menos en el plano de capacidad de ocupación– y ya sobradamente debatidos como el del dique flotante para el área de Reparaciones. La constancia de que el contrato de un buque del tipo LHD semejante al Juan Carlos I resolvería en buena parte para varios años las dificultades ferrolanas se dejó sentir ayer en el plano sindical, al tomar como ejemplo esta construcción para enfocar las nuevas demandas de los trabajadores. La Armada lo necesita –aunque no se sabe con qué intensidad lo reclama o no– y el Gobierno central tiene capacidad económica para asumirlo. Como necesario es también despejar el futuro de la antigua Astano, tanto en el ámbito comunitario ante la finalización del veto, como en lo que respecta a la futura ocupación de sus gradas y talleres.

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