Verlas venir

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Algunos lo vieron venir, me refiero a lo que pasó con Hitler: un hombrecillo insignificante con un pequeño partido de fanáticos, pero que fue creciendo, el partido no el hombrecillo, gracias a la estupidez supina de una sociedad aturdida y derrotada, la Alemania de la posguerra. Tardó bastantes años y no sé cuántas elecciones, pero el hombrecillo, o sea Hitler, llegó al poder; eso sí, para quedárselo una temporada larga y terrorífica, protagonizando el período más triste de la historia de Europa, solo superado por la tiranía estalinista en la Unión Soviética.
Pero volvamos al hombrecillo, a nuestro pequeño tiranuelo del bigotillo, no en vano la estética más o menos cutre siempre es importante en estos casos, sacan a los insignificantes aspirantes al poder de su nimiedad, incluso crean modas entre los más pusilánimes. El caso es que si nos preguntamos cómo un personaje semejante llegó a donde llegó e hizo lo que hizo, no tiene fácil explicación y, sin embargo, nadie lo pudo o lo quiso evitar. Estas cosas, el ascenso de un tiranuelo, se pueden ver venir, pero son muy difíciles de parar, tienen una inercia parecida a la del suicida patológico, que no para hasta que consigue su propósito.
Caer en manos un don nadie, no está tan lejos como pueda parecer, siempre habrá estúpidos temerarios que les faciliten el camino, mientras la mayoría social, lo vea o no venir, asistirá al proceso impotente y resignada. Algunos pensarán que nos lo tenemos merecido; otros se darán cuenta demasiado tarde, pues creían que la verdadera felicidad y bienestar estaban detrás de las fantasías del hombrecillo, que en realidad sólo espera una oportunidad para hacerse con el poder.
Si eso ocurre, si al cabo de unos años nos vemos en esa deriva, con una legislación totalitaria, llena de prohibiciones y proyectos igualitaristas, con una justicia neutralizada, que en vez de perseguir el delito, lo hará a los disidentes, con el fortalecimiento de los peores vicios a nivel social y personal, no será porque no lo hayamos visto venir. Desde luego no serán buenos tiempos, ni siquiera para la juventud más o menos fervorosa de los mensajes estridentes del futuro tiranuelo, que nada tiene que perder, pues nada es ni nada sería, si no fuese por esa necesidad que a veces tienen las sociedades de infringirse los peores castigos, como si de una maldición se tratase.
Ya es bastante tener que soportar a los políticos al uso, con su corrupción y su ineptitud. Sin embargo, la llegada al poder de uno de estos tiranuelos incompetentes y visionarios es la peor de las posibilidades de futuro, todo tiene remedio, pero el precio que se paga por un par de décadas de arbitrariedad y desgobierno es muy alto, solo hay que mirar a Venezuela.

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