DE LA POLÍTICA TELEVISIVA A LA BANALIDAD

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El impacto de los medios audiovisuales en la sociedad en la que vivimos es innegable, y que esa influencia ha alcanzado de lleno a la política nacional también. Los líderes de los llamados partidos emergentes se han curtido y se han dado a conocer a través de programas de entretenimiento de la televisión en donde la política y los políticos no eran, hasta hace poco, ni habituales ni frecuentes. Han utilizado esa plataforma, y el apoyo de determinados grupos mediáticos para lograr un protagonismo, que los ciudadanos aún no han otorgado ni reconocido por la vía del voto. 
Sin embargo, la política es mucho más que salir bien por la televisión. Y aunque la promoción televisiva de estos líderes pueden convertirlos en referentes políticos, lo cierto es que gobernar y gestionar es otra cosa.  Es evidente que un político debe saber comunicar. Es una condición sine qua non, pero no suficiente. Y ese es el principal hándicap de esos nuevos líderes como Albert Rivera, Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, sin experiencia de gestión de ningún tipo en los tres casos. Su único aval en estas elecciones son las horas en platós de televisión y los minutos acumulados en tertulias televisadas. 
La nueva política, televisiva y televisada crea líderes huecos y vacuos. Con discursos cargados de demagogia, de argumentarios precocinados, de los que no se mueven ni un ápice. Son los que dicen lo que la gente quiere oír, a sabiendas de que están faltando a la verdad o prometiendo imposibles. Instalados en la ambigüedad calculada, incapaces de situarse en el eje izquierda-derecha, ni en ningún otro, que suponga perder votos por cualquiera de ambos lados. Y es verdad que los políticos deben acudir a los programas de televisión de mayor audiencia para lograr llegar a la ciudadanía, y lograr una mayor cercanía, pero eso no quiere decir, en mi opinión, que haya que banalizar la política y convertirla en una actividad frívola, olvidando el fin último que la mueve y la justifica. Esos, que pretenden asaltar la Moncloa, desde los platós, están a un programa del hartazgo. Ya le pasó a Pablo Iglesias, que él mismo acabó pinchando la burbuja especulativa de Podemos, y pronto podría pasarle a Ciudadanos, instalado en la indefinición calculada, y en la soberbia del que todo lo critica, porque nunca ha hecho nada, y por tanto, nada puede exigírsele. 
 

DE LA POLÍTICA TELEVISIVA A LA BANALIDAD