ESPERANZA AGUIRRE

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La renuncia de Esperanza Aguirre a seguir en primera línea política, es una pésima noticia para el Partido Popular. En los tiempos actuales de mediocridad, donde abundan el peloteo, los palmeros y las cuotas de serviles “bibianas” trepadoras que se enquistan en la política para subsistir, se le va a echar especialmente de menos. Y es que su bagaje político es enorme.

Hablamos de una mujer valiente y sin complejos, que, además de ser una trabajadora incansable y una gran gestora, ha sabido mantenerse fiel a sus principios, anteponiendo siempre el interés general a cualquier otra circunstancia personal o de partido. Esas son las señas de identidad que la han acompañado en su brillante trayectoria política y que le han valido para ganar de manera aplastante las citas electorales a las que ha acudido como candidata en los últimos 30 años. Además, también supo ganarse el afecto de quienes tradicionalmente no votaban al PP.

Así, llegó incluso a conquistar el conocido como cinturón rojo de Madrid. Un feudo de la izquierda que parecía inexpugnable, conformado por municipios obreros que rodean a la capital como Parla, Móstoles, Pinto o Getafe. Aquí no hay truco. Sólo buena gestión, trabajo y cercanía. Aguirre habla claro, mira de frente, da bien en la calle y cumple lo que promete. Y si para cumplir, hace falta descolgarse de la estrofa y convertirse en un verso suelto, Esperanza no titubea. Precisamente, esa actitud le acarreó problemas internos. Pero siempre le dio igual. Al contrario que muchos parásitos que pululan por los partidos, ella nunca dependió del favor de un padrino para repetir en su cargo.

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