A Coruña se quedará sin ganador del Tour

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Cuando Carlos Negreira ganó por segunda vez las elecciones municipales hace cuatro años y Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, fue investido alcalde, al presidente del Club Ciclista Coruñés le dio un subidón impresionante. La ciudad iba a ser un velódromo a escala gigante; las calles se transformarían en kilométricos carriles bici y aquí iban a pedalear hasta las personas sin piernas. En pocos años el ganador del Tour habría nacido en Monte Alto. Pero como la movilidad no es una materia que les guste a los mareantes y el proyecto quedó en manos de Daniel Díaz Grandío no se avanzó ni un milímetro hasta hace unos meses. Sin embargo, repentinamente alguien se dio cuenta de que con el carril bici se podía molestar a miles de coruñeses y, ¡zas!, todo fue dotar a la ciudad de más kilometros de carril bici que de calles peatonales. Y efectivamente el cabreo se extendió desde la Torre de Hércules hasta el puente de A Pasaxe y cada día va a más. La dureza de las críticas crece, pero el alcalde hace como que no se entera –realmente hasta puede que no se entere como le ocurre con tantas cosas– y califica de aceptable la seguridad del carril bici. Solo faltaba que se hubiese disparado la siniestralidad entre los ciclistas, pero el problema no es ese, sino el nefasto desarrollo del proyecto.

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