Un tren llamado coraje

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Obra dramática electrizante. Compleja. Constructiva. Educadora. Positiva. Donde nada se deja a la improvisación. Todo coopera a mostrarnos que ante situaciones difíciles y comprometidas siempre es posible vencerlas. No hay piedades peligrosas o sentimentaloides sino coraje para superar la hostilidad social. Muchas ocasiones se cierran los ojos o miramos hacia otro lado ocultando la cabeza bajo el ala como el avestruz. Así, sin verlo, justificamos nuestra cobardía. De esta premisa arranca la tesis “Como si pasara un tren”, firmada por Lorena Romanín y ofrecida por la compañía Come y Calla en el Fórum Metropolitano.
Protagonistas erráticos que buscan su lugar en la vida. Susana –convincente actriz, sensible y delicada interpretada por María Morato– malvive en un pequeño reducto provinciano y cuida y atiende a su hermano Juan Ignacio, versus de un entrañable disminuido psíquico que nos conquista desde su aparición, encarnado por un felicísimo Carlos Guerrero. Niño pequeño y desprotegido sobre el que es preciso volcarse con amor y singular entrega, tras un nefasto recuerdo ramplón del padre que los abandonó sin decir adiós. 
Sin embargo, este equilibrio tuitivo y permanente se verá perturbado por la llegada de la sobrina Valería –magnífica y juvenil actriz Marina Salas– confinada a vivir con su tía porque su madre le ha encontrado un porro de marihuana. El bagaje de la sobrina aporta ramalazos de aire fresco, de esperanza y serenidad sobre la existencia futura de estas criaturas.
Asimismo, dentro de semejante maleta, burbujea una plástica dirección. Dinámica, profunda, conmovedora. A la altura del elenco colectivo que seduce con su buen hacer, al público que prácticamente llenaba la sala arrobado por Adriana Roffi. Conviene no olvidar que estos cómicos fueron premiados por el público en la Muestra Internacional de Teatro (Ribadavia 2015). 

Un tren llamado coraje