HEMEROSCOPIUM

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“Lo gallego me toca la fibra sensible y lo que hago conecta con el pueblo gallego”. Así se pronuncia este “gallego de Teruel”, el Maestro de la música contemporánea Antón Garcia Abril, un compositor de entrega total a su obra que está recibiendo en la celebración de su 80 aniversario el cumplido y sentido reconocimiento que le brinda el mundo entero: Tokio, EE.UU, París... y Galicia (esperemos que también Ferrol), una tierra con la que se siente especialmente vinculado, de hecho ahí están sus Cuatro Canciones sobre textos Gallegos o sus Canciones Xacobeas, con textos escogidos de lo mejor de nuestra lírica: “Galicia es tierra de poetas” suele decir el compositor que lo es también  de la ópera Divinas palabras, la Tragicomedia de Aldea de Valle-Inclán con la que se “re-inauguró” el Teatro Real de Madrid... Y es que él como nadie sabe fundir en una única expresión la palabra y la música, enriqueciéndola siempre es su búsqueda permanente de la belleza, sensorial e intelectual y a través de una plena concepción melódica : “ninguna música podrá existir sin melodía”, lo que se engrandece con los grandes recursos y la riqueza temática del compositor.
Hace poco, en Santiago de Compostela, pudimos asistir  a dos  de los homenajes que Galicia rinde al gran Abril: El promovido por el Instituto Cervantes, con la excepcional Mª José Montiel, la mezzo de voz profunda acompañada al piano por Alejandro Zabala y el que le ofreció “ Música en Compostela”, el curso universitario al que Abril está vinculado desde hace veinte años, impartiendo las clases en la especialidad de “ Sinfonismo y Música actual” y que este año culminó con el concierto de la Real Filharmonía brillantemente dirigida por Maximino Zumalave. El viernes, en A Coruña, pudimos escuchar los compases de su Hemeroscopio, en un nuevo homenaje impulsado por el gerente de la OSG, Andrés Lacasa, en magnífica gestión. Una música que es la “atalaya del sol”, con un imponente latido vital, como una expresión astral en la que se conjugan momentos de excepcional ternura.
Desde la más absoluta admiración, una vez más, ¡Felicidades, Maestro!.

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