Elecciones

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En ejercicio de su poder estatutario Feijóo ha convocado elecciones en nuestra comunicad autónoma. Nueva cita con las urnas –allá, 21 de octubre– coincidiendo con los comicios vascos. Innegable determinismo paralelo entre posibles creencias profesadas y nuestras apuestas políticas. “De civitate Dei” –metafísica de la sociedad en veintidós libros– y su contraposición a la ciudad terrena. San Agustín tremolando bandera hacia el “más allá” y el presidente gallego advirtiendo de primero vivir y después filosofar. Lo espiritual contraponiéndose a los problemas que nos afectan como comunidad de convivencia y progreso.

Tanto monta monta tanto ese debate paralelo donde se desarrolla la criatura humana. Declararnos agnósticos, ateos, indiferentes católicos de siempre, pero sin cumplir el compromiso aceptado voluntariamente. Admitir, por otro lado, la democracia como forma de gobierno y soslayar sus reglas de juego apostando con carta marcadas. Todos nos declaramos demócratas, pero después no acudimos a depositar el voto en las urnas, otros apoyan una injusta ley de D´hondt y los más próximos olvidan las minorías y todos, cuando alcanzan escaño, olvidan los votantes para comportarse como borregos de rebaño monocorde y tirano.

Religiosidad y política. Ateos gracias a Dios y politiscatros que sólo atienden su cartera y prebendas anejas. Faltar a compromisos o, siendo antisistema, negar la democracia como conjunto de libertades. En interpelación dialéctica, los propagadores de cultura evanescente frente a cuantos luchan por sobrevivir y advierten al presidente de su nación –Clint Eastwood a Obama en la convención republicana–: “El país es nuestro, los políticos son nuestros empleados y cuando alguien no hace su trabajo hay que echarlo”.

 

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