Diez días que estremecerán a España

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john Reed, el periodista comunista norteamericano que escribió el célebre libro “Diez días que estremecieron el mundo”, referido a la revolución de octubre rusa, tendría que haber estado el viernes en un acto que, como el de la conmemoración del 41 aniversario de la Constitución, resultó algo deslucido, pero revelador: allí podría haber parido un instant book titulado algo así como “Diez días que estremecerán a España”. Los días que van del próximo martes al 21 de enero, fecha en la que Pedro Sánchez pretende haber superado su investidura para seguir en La Moncloa, con el permiso, claro está, de ERC. Comienza, o más bien sigue, la frenética galopada, que ahora va llegando, dicen, a la recta final. El presidente en funciones tiene prisa. Esquerra, no tanta. Ambas partes por la misma razón: el calendario infernal que se nos echa encima, y que va desde la vista de la Justicia belga, el 16, para calibrar si extradita o no a Puigdemont a España, hasta el propio Congreso de ERC, el 21. Pasando, el 19, por el dictamen del Tribunal de Justicia de la UE sobre la inviolabilidad de Oriol Junqueras, el hombre que manda, desde la cárcel, en nuestro país y a quien en cualquier momento podemos ver ya fuera de Lledoners. Si a ello le suma usted el ‘derby’ de enorme riesgo Barça-Real Madrid, a jugarse en el Nou Camp el 18, y que ya ha sido aplazado una vez, y encima le echa unas gotas del gran embrollo judicial que se le viene encima a Unidas Podemos tras las acusaciones de y contra el abogado José Manuel Calvente, tendremos el cóctel explosivo al completo.
Menuda sesión de investidura si realmente Sánchez logra hacerla entre el 16 y el 19 próximos: al margen de que las pobres Señorías, estresadas por tanto trabajo como han tenido en los últimos meses, verán mermadas sus (in)merecidas vacaciones navideñas, todos los acontecimientos del calendario antes descrito quedarán ‘tapados’ por los debates parlamentarios, que van a ser de aúpa, en las sesiones plenarias. No entiendo tanta prisa, excepto por el deseo de evitar que alguno de esos acontecimientos haga estallar una situación que, en palabras del peneuvista Aitor Esteban, ya “no se sostiene”.
En el pasilleo y corrilleo de la fiesta de la Constitución, en el Congreso, todas las fuentes socialistas daban por hecho que el acuerdo con Unidas Podemos, incluyendo la abstención de Esquerra, para que Sánchez sea rápidamente investido, es un hecho. El martes, cuando el Rey comenzará sus intensas consultas con los partidos sobre las posibilidades de la investidura, se celebrará en paralelo, en Barcelona, el encuentro ‘negociador’, quizá definitivo entre la delegación socialista y la de Esquerra. Puede que el miércoles, el jefe del Estado anuncie que ha encargado a Sánchez la formación de Gobierno, el primero de coalición desde la restauración de la democracia tras el franquismo, el primero con fuerzas explícita y activamente republicanas en la mesa del Consejo de Ministros.
Sí, los socialistas te decían que qué remedio, que no hay otra salida que la coalición con UP bendecida por ERC: acusaban a Pablo Casado de no querer negociar otra cosa, lo cual es parcialmente verdad, pero olvidaban que Sánchez ni siquiera se le ha puesto al teléfono al líder del PP. Otra oportunidad perdida: ahora ya es demasiado tarde para intentar negociar una reforma de la normativa electoral tan perversa que tenemos, como ofrece el PP, y más aún para que Inés Arrimadas, la lideresa ‘in pectore’ de Ciudadanos, ande buscando consensos, después de que su ex jefe político los destruyera.

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