Pecados indiferentes

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speraba que a hoy ya hubiera hablado el Papa sobre las conclusiones del Sínodo para la Amazonía celebrado el pasado mes de Octubre, pero no lo ha hecho y me llama la atención. Creo que tal silencio solo puede deberse a que al mismo Papa le cueste rematar los acuerdos y darles vida en forma y manera Vaticana, confirmando, así, mi impresión de que se metía en un charco sin la debida protección; parece que se ha mojado demasiado los pies y que haya decidido aplicar la clásica regla de oro eclesial de: “silencio, se arreglará solo”. 
Prueba de ello es el enorme respaldo episcopal y clerical que tal acontecimiento tuvo en las Diócesis (muy difícil escribir ironías). Este ser o no ser, el Papa lo ha intentado arreglar hablando de la posible inclusión como pecado, aunque no lo incluiría en el Catecismo Romano, del “ecocidio” o atentado ecológico, basándose en que la destrucción del medio ambiente es un atentado contra la vida, que cierta razón no le falta. Aportando, así, su granito de arena a la confusión general que hay entre cambio climático y contaminación que son cosas distintas aunque relacionadas. La sostenibilidad no es más que el uso y disfrute de los recursos naturales, pero de manera ordenada para que las generaciones futuras también lo puedan disfrutar. No es volver a viajar como Colón o los Vikingos, si no del uso racional de los recursos naturales. 
Fíjense por donde andamos que después de demonizar a la energía nuclear, ahora la mayoría de grupos activistas ecologistas, recomiendan, con mayor o menor intensidad, la energía nuclear por ser la que menos contamina. 
Pero volviendo a las palabras del Papa, parece que a los Obispos les ha dado igual si el ecocidio es pecado o no, van a su bola; como la mayoría de los cristianos que no han perdido el sueño por las amenazas de pecado que seguro siguen mezclando plásticos con orgánico y tirando por la taza del váter los palitos de limpiar los oídos, filtros de tabaco y demás. Conclusión: que el Papa manda poco, que la Iglesia no tiene credibilidad y, entre tanto, los obispos siguen llenando agendas con cosas vacías.

Pecados indiferentes