Crónica de un fracaso anunciado y sabido

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Es posible que, al principio del festival, todavía hubiera alguien que pensara que Miki tenía alguna oportunidad de ganar Eurovisión. Esas expectativas se disiparon rápidamente. Fue suficiente con ver las votaciones de los tres primeros países para que se nos cayera la venda y nos diéramos cuenta de que este año, como los anteriores, el festival es un reducto para frikis en el que lo que menos importa es la música o la calidad de la interpretación. Es indiferente el estilo que se lleve, al final siempre llega algún outsider que descoloca a todo el mundo y se lleva el gato al agua. Y menos mal que con las ansias de hacer más negocio a cuenta del festival, la organización ha montado un sistema de esos que los espectadores votan a cambio de unos cuantos euros. Y fue en ese momento cuando Miki logró sumar algunos puntos y dejar el farolillo rojo a los ingleses, que pudieron haber inventado el pop, pero, evidentemente, de festivales no saben nada.

Crónica de un fracaso anunciado y sabido