¿A dónde vas Cataluña?

Los políticos catalanes han convertido esa hermosa zona de España en una piedra en el zapato para todos los españoles. Roza el hartazgo para la ciudadanía la pertinaz recurrencia al monotema de la imposible e inviable independencia, pero ellos a lo suyo, erre que erre martillean nuestras cabezas mientras se pierden en un laberinto incapaces de encontrar la salida, situación agravada por la catastrófica realidad económica de la región, en otros tiempos, más próspera de España. Sabemos pues que de sus políticos nada podemos esperar, están en un bucle que solo les permite ver su ombligo y dejan al margen el sufrimiento de ese pueblo al que dicen servir. Otra mentira más que contrastada, solo se sirven de Cataluña para sus espurios intereses políticos que, lamentablemente, no coinciden con el interés general de los catalanes. Las empresas huyen de allí y con ellas miles de empleos, la sociedad se enfrenta azuzada por líderes que desde la cárcel o desde su fuga al extranjero parecen divertirse como en un circo romano mientras la gente agotada y asfixiada por la economía y la pandemia no sabe hacia donde mirar buscando una esperanza. Los más asilvestrados jalean en las calles a sus insensatos mesías, cuando no intentan asaltar el parlamento o apedrean a sus adversarios políticos convirtiendo sus parques en campos de batalla. Sabemos lo que dan de sí porque llevan más de diez años hundiendo esa tierra solo alimentados por su inagotable contumacia, pero no tienen un proyecto para la Cataluña emprendedora y pujante que tiene que emigrar porque allí les hacen la vida imposible y sufren persecución por hablar en español poniendo incluso sanciones a los comerciantes por no poner sus rótulos en catalán, su otra lengua. 


Podría extenderme en ejemplos del irrespirable ambiente que se vive por allí, pero no es necesario porque todos ustedes ya los conocen. Hasta aquí las responsabilidades de los irresponsables políticos, pero, a continuación, hemos de ver también qué grado de responsabilidad tienen los ciudadanos que con sus votos dibujan este mapa político incomprensible. Siempre admiré a la Cataluña del talento, del progreso, esa región cosmopolita que estuvo a la vanguardia de la modernidad y que hoy no existe. Estoy convencido de que Cataluña anhela un líder, alguien que sepa encauzar sus enormes potencialidades y que les devuelva la paz social, que les ilusione y les ayude a recuperar la esperanza. Prueba de ello fue la confianza que, en su día, hace nada, depositaron en Albert Rivera e Inés Arrimadas, Ciudadanos ganó al independentismo demostrando la voluntad de los catalanes. Fue un hecho histórico como histórico fue el desacierto con el que Rivera y Arrimadas gestionaron su efímero éxito y rompieron la ilusión de un pueblo que quiso reaccionar y al que, de nuevo, le fallaron sus políticos. Con estos antecedentes resulta complicado volver a ilusionarse porque el daño que Ciudadanos hizo a todos los constitucionalistas, con su fiasco, podría ser irreparable. Pero la esperanza no se puede perder, este domingo Cataluña votará de nuevo y tiene la oportunidad de separar del poder a quienes los han llevado al precipicio. Los independentistas que se hacen acompañar por el terrorista Otegui en su campaña son y serán, siempre parte del problema y nunca formarán parte de la solución, la alternativa por poco buena que sea, puede abrir un camino y diseñar una hoja de ruta que implique a todos los catalanes. Elección tras elección los constitucionalistas superan en votos a los independentistas si bien no en escaños por esa ley electoral absurda que tienen que está pensada por y para nacionalistas. Cataluña no sabe hacia donde va, pero sabe que no va bien. El domingo puede dar un poco de luz a tanta incertidumbre.

¿A dónde vas Cataluña?

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