Un matrimonio de hosteleros de San Andrés recibe amenazas en su local

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Los dueños del mesón Eiravella, en San Andrés de Teixido, informaron ayer a Diario de Ferrol de las intimidaciones que están sufriendo desde hace casi un año y que tuvieron su episodio más desagradable el pasado sábado.
Cuando Rebeca y su marido  Sergio fueron a abrir el local, sobre las diez y media de la mañana, se encontraron con pintadas amenazantes en las paredes y puertas del mesón. “Fillo de puta. Fora da vila. Morosos” y una esvástica –el símbolo tradicionalmente asociado a los nazis– a modo de firma fue el contundente mensaje que alguien les dejó a este matrimonio de la zona durante la madrugada del viernes.
La mujer asegura que este es “uno más” de los intentos de intimidación que algunos vecinos del pueblo están llevando a cabo contra ellos. El motivo, opina, “la envidia” por la prosperidad de su negocio. “Nos instalamos en abril del 2014 con ideas nuevas, diferentes y nos está yendo muy bien”. Algo que alguna gente “no aceptan”, nos comenta.  
Escupitajos en el coche y heces de perros o aguas fecales a la puerta del mesón son algunos de los incidentes que han tenido que afrontar. Ante esta situación, Rebeca confiesa que ya no se siente cómoda cuando su hijo de once años aparece por el bar y teme que las coacciones vayan a más en los próximos meses. 
 
corporativismo
El dueño del local, nacido y criado en San Andrés, es conocedor del proteccionismo que ha existido siempre entre los negocios del entorno de la ermita. Incluso, fuentes policiales han revelado a este diario que “los nuevos nunca fueron bienvenidos en San Andrés”, algo que Sergio y Rebeca ha podido comprobar en sus propias carnes. “Piensan que venimos a quitarles el pan, pero solo queremos ganarnos el nuestro”, explica la mujer.
El matrimonio afectado, conocido en la zona por ser miembros de un grupo de música, considera que estos episodios no son “nada positivos para el pueblo” y,  a pesar de no haber denunciado el caso, recibieron ayer el apoyo de las fuerzas locales de seguridad, que investigarán de oficio unos hechos que podrían ser constitutivos de delito. Además, acudirán a Patrimonio, por el valor arquitectónico del lugar.
Indirectamente, los padres de Sergio sufren también esta situación, pues viven todo el año en la pequeña parroquia, de apenas cuarenta vecinos. “A ellos no les han hecho ni dicho nada, pero la convivencia se hace difícil con todo esto”, lamentan. Desde que se conocieron los hechos solo tres vecinos acudieron a prestar su ayuda al matrimonio y alguno, incluso, participó en las tareas de limpieza de las pintadas.
Aunque los dueños del mesón creen saber quienes son los autores de estas amenazas, manifiestan que no les van “a obligar a cerrar”. “Tengo derecho a ganarme la vida aquí y, además, tengo todas las licencias en regla y pago mis impuestos como autónoma, algo a lo que no están muy acostumbrados por aquí”, sentencia Rebeca. 

Un matrimonio de hosteleros de San Andrés recibe amenazas en su local