La libra registra su peor semana desde 2009 por los temores a un Brexit duro

Prime Minister Theresa May delivers a speech at the British Academy in London, where she said that a new wave of grammar schools will end "selection by house price" and give every child the chance to go to a good school, in Britain September 9, 2016. REUT
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Los mercados financieros consolidan su condición de profetas del desastre que el Brexit podría acarrear para la economía británica, europea y mundial. Si las horas posteriores a la confirmación de la salida del Reino Unido de la Unión Europea habían visto la libra caer a su peor nivel en más de tres décadas, la certeza cada vez mayor de que la nueva primera ministra, Theresa May, apostará por una ruptura “dura”, que implicaría abandonar el mercado común, ha provocado para la divisa británica la peor semana desde el año 2009 en su cruce con el euro y la peor desde entonces contra el dólar, según publicó “El Economista”.

Su abrupto descenso en la madrugada del viernes, cediendo hasta un 4,8 frente al euro, llevó al Banco de Inglaterra a revisar el origen, si bien los analistas coinciden en que, independientemente de un posible error de los algoritmos, o un fallo humano, la preocupación por un divorcio desordenado está detrás de la deriva de una moneda que evidencia que la relativa calma imperante hasta ahora solo responde al impasse que domina el escenario económico desde el 23 de junio.

Frente a la parálisis de un Gobierno dividido sobre la fórmula para un proceso sin referentes, los mercados de divisas han hecho ya saber a la primera ministra qué opción temen: su sugerencia de que el control de fronteras pesará más que la continuidad en el mercado único, expresada el pasado domingo en el arranque del congreso conservador, llevó a la libra a su menor nivel en relación al dólar estadounidense desde 1985, mientras que frente al euro retrocedió a niveles que no visitaba desde 2011 y que se podría intensificar hasta una posible paridad en 2017.

La tendencia está considerada como el arranque de un nuevo capítulo en el que la resistencia de la economía británica dará paso a turbulencias. Los mensajes del continente tampoco ayudan y, cada vez con más intensidad, sus líderes evidencian que, puestos a elegir entre daño político o económico de la salida del Reino Unido, prefieren evitar el primero y asumir el segundo.

El presidente francés, Françoise Hollande, reiteró esta semana su advertencia de que “tiene que haber un precio” por abandonar la UE, mientras que la canciller alemana, Angela Merkel, ha sustituido su predisposición mediadora por un escepticismo que, ya de partida, asume que “no serán negociaciones fáciles”. 

El impacto de las intervenciones de ambos líderes ha obligado ya al ministro del Tesoro británico a actuar y, tras haber aprovechado esta semana su asistencia a la reunión de otoño del Fondo Monetario Internacional para entrevistarse con gigantes de Wall Street, el viernes tuvo que comparecer para defender que las bases económicas del Reino Unido son “fundamentalmente fuertes”.

En un intento de presentar la volatilidad monetaria como un fenómeno ordinario, el ministro de Finanzas del Reino Unido, Philip Hammond, atribuyó la dramática evolución de la libra a “factores técnicos” y subrayó que “los mercados van a subir y bajar”. “Responden al ruido”, declaró acerca de lo que calificó como “cambios de sentimiento a corto plazo” para los que, aseveró, Londres está sobradamente preparado. Sin embargo, la retórica durante la cita de su partido esta semana, en la que la ministra de Interior, Amber Rudd, sugirió la posibilidad de forzar a las empresas a publicar el número de trabajadores extranjeros, ha contribuido a agravar la volubilidad de la libra.

Ante el rechazo en Europa a admitir la continuidad británica en el mercado único en paralelo al control de la inmigración, los analistas temen un serio golpe para la economía, debido a las dificultades para el intercambio comercial entre dos socios que, actualmente, se dedican la mitad de sus ventas al exterior.

La libra registra su peor semana desde 2009 por los temores a un Brexit duro