La Audiencia confirma la pena de 20 años al autor del crimen de O Couto

El vecino naronés ya tuvo que someterse a un juicio en la Audiencia Provincial en enero de este mismo año, al que corresponde la foto | patricia g. fraga
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Juan Fraga, en prisión provisional desde enero de 2016, ha vuelto a ser condenado a 20 años y un día de cárcel como autor del asesinato de su mujer, Caridad Pérez, en 2015 en la parroquia de O Couto, tras la repetición del juicio requerida por el TSXG por un recurso de la defensa.
El magistrado de la sección primera de la Audiencia Provincial de A Coruña, Alejandro Morán Llordén, atendiendo al veredicto de culpabilidad emitido por el jurado el pasado día 2 de diciembre, lo ha declarado autor de un delito de asesinato con el agravante de parentesco y el atenuante de anomalía psíquica leve.
Cabe recordar que esta es la misma pena que le impuso en el primer proceso judicial el magistrado Juan Luis Pía, pero que fue anulada por la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia al considerar que la sentencia no estaba suficientemente fundamentada para desvirtuar la presunción de inocencia del acusado.
El nuevo magistrado presidente del jurado señala en esta última sentencia que “aunque nadie vi al acusado matar a su mujer, existe una pluralidad de indicios incriminatorios, plenamente probados, de los que se deducen los hechos constitutivos del delito”.
Así, considera que Caridad Pérez fue degollada en su dormitorio a primera hora de la mañana –cuando empezaba a despertarse– en un lapso de tiempo en el que su marido “se encontraba en casa”, ya que la víctima llevaba puesto en pijama y tenía las persianas del dormitorio bajadas.
Aunque Juan Fraga alegó haberse ido “moi cedo” del domicilio familiar, según el juez, el condenado no ha sido capaz de justificar sus movimientos durante más de 40 minutos, hasta las 09.30 horas de la mañana del crimen.
Además, la sentencia insiste en que el condenado actuó de forma inexplicable durante buena parte de la mañana y apunta, por ejemplo, a “constantes idas y venidas” entre un despacho de pan y una administración de lotería, de las que era cliente habitual, cuando ambas permanecían aun cerradas. Como ya se reiteró en el anterior juicio, Juan Fraga acudió también a diversos edificios públicos que disponían de cámaras de seguridad en las que fue registrado. Lo hizo acompañado de un hombre con el que mantenía una relación sentimental, algo que “había provocado problemas en el matrimonio”, según multitud de testigos.

Simulación del robo
El magistrado Morán Llordén también reitera que los indicios apuntan a la simulación de un robo en el domicilio de O Couto por parte del acusado. “No aparece forzada ninguna cerradura, muchas de las joyas que estaban a la vista no fueron sustraídas y las que sí faltaban aparecieron después en un vehículo que solo conducía el acusado”, expone el juez, quien además apunta a que el perro no alertó de ninguna presencia extraña en la casa.
Asimismo, se resalta en la nueva sentencia la presencia en el dormitorio de un gorro de lana con sangre de la víctima que el acusado usaba para dormir, señalando que la prenda no se encontraba en la zona de proyecciones de sangre, sino apartado en una silla. Además, en el interior de un cajón se encontró un monedero –cuyas monedas habían sido vaciadas por el suelo– con sangre de Juan y de Caridad.
Otro hecho que el juez califica de “llamativo” es la frialdad mostrada por el condenado cuando supuestamente vio a su mujer tirada en la habitación, pues aseguró que no la tocó ni intentó socorrerla para justificar así la ausencia de sangre en su ropa. El magistrado no pasa por alto varias contradicciones entre el relato de Juan Fraga y los hechos científicos, como el supuesto desayuno que le preparó a su esposa y que fue desmentido por el análisis forense.
La sentencia también recoge declaraciones inculpatorias de testigos, como la del propio nieto del matrimonio que aseguró haber escuchado a Juan Fraga hablar con su amante “exhortándole a declarar lo mismo que él ante la policía”, señala el juez. O las amenazas de muerte –”te voy a cortar el pescuezo” o “te voy a sachar la cabeza”– que otros testigos declararon haber escuchado hacia Caridad Pérez.
El propio entorno familiar de Juan Fraga apuntó a un posible móvil económico para evitar tener que pasarle una pensión a su mujer si esta decidía separarse de él por su relación extramatrimonial con este hombre. l

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