Iberdrola presenta los últimos avances del gran complejo Támega de Portugal

El negocio de la eólica marina ha supuesto para los astilleros de la ciudad naval una auténtica revolución tras el veto europeo a la construcción civil. Dos de los parques más importantes del mundo, el Wikinger del mar Báltico –que será inaugurado oficialmente a finales de octubre– y el East Anglia –aún en construcción–, ambos de Iberdrola, llevan el sello de Ferrol en muchas de las jackets que soportan los aerogeneradores. Sin embargo, este sector al alza cuenta con problemas a la hora de implantarse en la Península Ibérica, tanto en el plano de la normativa como en el técnico, dado el calado de las costas y la potencia del viento. Es por ello que, hasta que los avances tecnológicos permitan la construcción a mayor profundidad o hagan viables y eficientes los parques eólicos flotantes, las compañías energéticas deben desarrollar alternativas con poco impacto medioambiental que sirvan de complemento a otras iniciativas verdes terrestres. Una de estas iniciativas es el Complejo Támega, uno de los mayores proyectos de la industria hidroeléctrica que la compañía vasca está desarrollando en el norte de Portugal.

Presupuesto
Este gigantesco conjunto de infraestructuras cuenta con un presupuesto inicial de 1.500 millones de euros –650 de los cuales aportados por el Banco Europeo de Inversiones–, y proveerá de electricidad a un mínimo de 400.000 hogares lusos. Lo realmente sorprendente de esta iniciativa empresarial es su capacidad de complementar parques eólicos y solares, almacenando energía para dar continuidad al suministro durante la noche o en momentos de carencia de viento.
El Complejo Támega contará, al ser finalizado en 2023, con tres centros de producción hidroeléctrica –Alto Tãmega, Dalvões y Gouvães–. Se trata de un sistema de dos presas y una central de bombeo conectadas entre si y situadas con una considerable diferencia de altitud, de modo que en períodos de excedencia energética se puede traspasar agua de la una a la otra a modo de almacenamiento. Alto Tãmega cuenta con un embalse de 107 metros de altura con una central en la base con una capacidad de 160 MW, mientras que Dalvões, a 10 km de distancia río abajo, consta de una presa de 78 metros y una instalación de 118MW. Estas dos infraestructuras conectan con la central de Gouvães, situada en el corazón de una montaña, a 350 metros de profundidad.
Esta clase de proyectos suponen, además, una gran oportunidad laboral para los habitantes de la zona. El norte de Portugal fue especialmente castigado durante la crisis económica, sin embargo con la construcción de las instalaciones el nivel de desempleo se ha reducido hasta el punto de tener que importar trabajadores de otras comunidades. De hecho en la actualidad se encuentran trabajado más de 100 gallegos, aunque durante las obras iniciales este número llegó a superar los 250. Por último, los cálculos estimados de la compañía eléctrica prevén que, una vez en funcionamiento, el Complejo de trabajo a unas 3.500 personas -entre empleos directos e indirectos-. Las inversiones para reducir el impacto ambiental y socioeconómico también son importantes en esta clase de proyectos, dado que inevitablemente suponen una modificación drástica del entorno; es por ello que, desde el lado medioambiental, la compañía se encuentra trabajando con biólogos y paleontólogos para reducir dicho impacto, trasladando a entornos óptimos a especies vegetales y animales y analizando cualquier encuentro de artefactos arcanos. A nivel socioeconómico, Iberdrola ha invertido en el área 50 millones de euros anuales, lo que equivaldría a un quinto del total que el Ministerio de Cultura del país luso invierte en toda la nación.

Futuro energético
Mientras Galicia espera que la tecnología permita una generación energética completamente limpia, las alternativas de bajo impacto se perfilan como una opción intermedia que aleje a la Comunidad de la dependencia de los combustibles fósiles. La construcción de los jackets para el parque East Anglia se encuentra próxima a finalizar y, por el momento, no hay más proyectos de esta tipo en el horizonte, por lo que la mejora de estas tecnologías resultará crucial a la hora de afrontar el futuro en la ciudad naval.
Puede ser una espera más larga o más corta, quizás incluso casi inmediata, por lo que la zona, y especialmente Ferrol, deberán estar preparadas para la revolución que se avecina, pues supondrá un cambio en la ciudad como pocos en su historia. l

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