FIMO, la oveja negra de las ferias gallegas

Vistas de FIMO
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El complejo ferrolano de FIMO es, por acción o por omisión, la oveja negra del mapa de recintos feriales gallegos. Todos, sin excepción, están regidos por una fundación en la que participan la Xunta y la administración provincial junto a concellos y entidades empresariales. La fórmula, que les ha permitido sobrevivir tirando de ayudas públicas, se quiere aplicar también en Ferrol desde hace al menos una década, sin éxito. Fracasados todos los intentos, el gobierno municipal trabaja contrareloj para salvar el recinto de la subasta al mejor postor, fijada para el próximo día 11 a la una de la tarde.     
Es difícil imaginar un escenario peor para FIMO. En 23 días el juzgado lo pone a la venta, por un precio de salida de tres millones de euros, a consecuencia del impago de un crédito hipotecario suscrito en 2009 por 442.746 euros, que con los intereses suma una deuda de 572.746 euros. La entidad Abanca reclama además un segundo embargo por el crédito puente de 580.000 euros que firmó el actual gobierno municipal, de manera que el concejal de Economía, Alejandro Langtry, apura las negociaciones con la entidad financiera para resolver la devolución de 1,1 millones de euros, y trata también con la Xunta y la Diputación para lograr su colaboración in extremis.
La referencia más próxima está en A Coruña. Allí la Xunta financió el 75% de la costosa construcción de Ifeco, un recinto ferial que comenzó a funcionar en 2008 y que generó entre 2010 y 2012 unas pérdidas de 3,8 millones de euros. La entidad está regida por una fundación en la que la Xunta de Galicia tiene la participación mayoritaria y que también cuenta con la Diputación, el Concello y alguna entidad financiera. La Cámara de Comercio herculina y la Confederación de Empresarios entraron en la primera etapa de la fundación pero la abandonaron el año pasado.
También tiene mayoría la Xunta en la Fundación Semana Verde de Galicia, que gestiona el recinto ferial de Silleda. Es la niña bonita de las ferias gallegas, y aunque también tuvo que aplicar un ERE de suspensión rotatorio a su plantilla, esta se mantiene formada por 27 personas. La administración gallega es el principal sostén de Expourense, donde aporta el 50% del presupuesto, al igual que sucede en el Pazo de Feiras e Congresos de Lugo y en la Fundación de Exposicións e Congresos da Estrada. Salvo el recinto ferial de Vilagarcía de Arousa, Fexdega, que hoy por hoy está inactivo, el resto de los complejos de exposiciones de Galicia han sorteado el temporal de la crisis con el apoyo de las administraciones públicas, fundamentalmente la Consellería de Economía e Industria, que en este tiempo ha hecho algún esfuerzo para ajustar el gasto. Así, en 2012 la Xunta amagó con retirarse de aquellas ferias que no consiguiesen la viabilidad económica, pero a estas alturas no se ha dado ese paso en ninguna. Ferrol, por su parte, sigue hundiéndose sin que termine de constituirse la fundación que debería garantizar su futuro.
FIMO cerró el ejercicio de 2010, con sus instalaciones ocupadas más de 200 días, con 350.000 euros en números rojos. Cuatro años después, no sólo no se ha corregido esta situación, sino que las pérdidas acumuladas son de 2,2 millones pese a un drástico recorte de la plantilla, que pasó de 16 a solo cuatro personas. Los trabajadores que quedan, como se sabe, llevan quince meses sin cobrar.
También es FIMO la única feria gallega que no forma parte de Agafe, la Asociación de Ferias de Galicia. Esta entidad gestionó el pasado año la visita de periodistas especializados a los recintos de referencia en la comunidad, entre los que no estuvo el de Punta Arnela, cuyas instalaciones están entre las de mayor extensión y polivalencia. El complejo ferrolano no aparece, por ello, en los artículos que recogieron los medios internacionales. La veteranía no sirve, en estas horas bajas, a la feria decana entre las gallegas.

FIMO, la oveja negra de las ferias gallegas