“Son jugadores muy normales, una cualidad que se está perdiendo”

Manolo Aller con la medalla
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Ha vivido desde dentro uno de los grandes éxitos del baloncesto español. Lo ha hecho con la intensidad de quien ve recompensado el duro trabajo de los últimos meses; pero también con la serenidad que le dan los años, la experiencia y saber de lo efímero de los éxitos en el deporte. Manolo Aller, berciano de nacimiento y ferrolano de adopción, regresa a la ciudad y con él se trae un oro mundial como uno de los ayudantes de Sergio Scariolo al frente del equipo nacional.

No es la primera vez que alcanza una medalla como integrante del cuerpo técnico de la selección nacional pero ¿ha vivido este título de forma especial?

Todas las medallas se disfrutan mucho, pero sí es cierto que la palabra “Mundial” conlleva muchas cosas. A mí, personalmente, me recuerda mucho a cómo fue el Europeo de 2015, en el que nadie nos daba como favoritos y fue un gran éxito. Al final, ha sido la recompensa a ese trabajo que estuvimos haciendo desde finales de marzo. No es algo puntual, sino un continuo y te das cuenta de que todo lo que has hecho en los últimos meses tiene su fruto ahora. Han sido muchas horas de trabajo y el Mundial, en sí, fue muy duro. Estábamos todos físicamente agotados, porque hubo algunos días que jugabas, viajabas, jugabas, volvías a viajar... y el trabajo había que hacerlo igual, así que hubo noches sin dormir porque no había horas materiales para hacerlo. Además, a nivel de organización, en China las cosas son complicadas y a mí, personalmente, me resultaba muy difícil estar en los sitios correctos durante los partidos para hacer bien mi trabajo. Por eso, cuando acabó todo, reventé de alegría.

Habla de que, como sucedió en Francia, al principio nadie los daba como favoritos. El oro acalla muchas voces críticas con esta selección.

Todo lo que se hace en la selección siempre es con una máxima: competir con el equipo que haya, falte quien falte, ir a los campeonatos a competir y a respetar a todo el mundo. Eso, al final, te lleva más lejos de lo que se piensa. Es cierto que faltaban jugadores importantes, que veníamos de las “ventanas”, de que gente se quedase fuera... Había muchas connotaciones especiales. En la primera fase sufrimos más de la cuenta, pero porque nos guardábamos cosas en las que estábamos trabajando. Siempre dije que el partido clave era el de Italia. Si ganábamos, Serbia iba a caer y eso te abría muchas posibilidades. Además, estos jugadores, cuando “huelen sangre” van con el cuchillo entre los dientes. Nosotros sabíamos que si hacíamos las cosas medianamente bien íbamos a pelear por todo.

¿Cuál es la gran virtud de este equipo?

Tiene muchas. Hay una química excepcional entre ellos. Todo el mundo sabe a lo que tiene que estar. Se respetan mucho los roles. Son jugadores con experiencia en conseguir títulos y siempre compiten esté quien esté. El grupo está muy unido y los problemas no salen a la luz, todo queda en casa. Se dice mucho eso de que es “una familia”, pero es cierto que cuando entra alguien nuevo se le hacen las cosas muy fáciles. Aunque falten algunos jugadores de máximo nivel, el resto no son mancos, han sido campeones de Europa, de la Euroliga, juegan en la NBA y los nuevos tienen experiencia tras las “ventanas”. Todo el mundo sabe a qué juega y, además, son capaces de transmitir y arrastrar a la gente. Y eso no es solo porque ganen, sino porque tienen unos valores muy especiales que han mamado desde pequeñitos.

 

Es un grupo muy profesional.

Además de profesional, son muy normales, que es una cualidad que se está perdiendo. Son gente que sabe lo que quiere, lo que se juegan y que hay que trabajar para conseguirlo. Gente que sacrifica muchas cosas, como este año, que han estado entregados dos meses para la selección, gente que cuando toma la decisión de ir al Mundial lo hacen al doscientos por cien y eso hace que todo sea más fácil y, sobre todo, sentirse orgulloso de ellos.

¿Cuándo vieron que el título era posible?

Después de ganar a Italia sabíamos que podíamos pelear por cosas. La semifinal contra Australia fue muy dura y después, contra Argentina, todo nos salió muy bien. Le teníamos pánico, porque era el equipo que en más problemas nos podía poner, por su forma de ser. Sabíamos dónde nos podían hacer daño, pero también sus debilidades y tuvimos la suerte de que se cumplieron muchas de las coas que habíamos preparado, algo que es más sencillo cuando tienes jugadores del nivel de los nuestros. Al final pareció que fue más fácil, pero hasta que faltaban un par de minutos no lo vi tan claro.

¿Qué parte de mérito tiene usted en esta medalla?

Me encargo de hacer las estadísticas, tanto nuestras como de nuestros rivales. De ver todos los triples, de dónde y cómo los marcamos y nos los marcan y, además, hago valoraciones defensivas no enfocadas tanto al aspecto táctico, sino a los esfuerzos que cada uno hace. Hago informes y trato de sumar, como el resto de mis compañeros del cuerpo técnico. Sergio Scariolo tiene muy claro que cada uno tiene su parcela, pero él nos hace partícipes de todo en cada partido, en cada entrenamiento aunque, como en mi caso, esté fuera del banquillo. Además, soy uno de los más veteranos y trato de aportar esa experiencia, de poner una sonrisa cuando las cosas van mal, de tratar de animar y sacar fuerzas cuando hay muchas hora de trabajo.

Esta experiencia le ha valido para comprobar el cariño que le tiene la gente, porque Ferrol se ha volcado con usted.

Siendo justo no me puedo quejar del trato que se me da siempre. Con mis defectos y virtudes en esta ciudad se me trata muy bien y yo, aunque soy de Ponferrada, también me siento de Ferrol. Me hace mucha ilusión que la gente me siga viendo como "oarista", porque es parte de mi vida y me llena de orgullo. l

“Son jugadores muy normales, una cualidad que se está perdiendo”