Reportaje | La alternancia de gobierno en cada mandato deja su huella en la escultura pública

Monumento a la Música en el barrio de Caranza | daniel alexandre
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El alcalde nacionalista Xaime Bello pasará a la historia por encabezar el gobierno que cambió la imagen de la entrada de la ciudad no solo por el hecho de retirar un monumento distintivo de Ferrol sino por iniciar un camino de retirada de símbolos franquistas en la urbe.
Como solo sucede en Ferrol, cada mandato implica cambio de gobierno y durante el encabezado por Juan Juncal –PP–, surgieron en la ciudad más esculturas de las que se recuerdan en un solo cuatrienio. Fue la época del “embellecimiento de la ciudad”, un programa puesto en marcha desde la concejalía de Obras, que dirigía Manuel Bustabad –Independientes por Ferrol–, que se basó en imponentes esculturas metálicas que llenaron plazas, jardines y, sobre todo, rotondas haciendo que hubiese un antes y un después a la hora de reconocer glorietas en la ciudad.
De esta etapa son obras como “Ciudad”, en la rotonda de Catabois, “Música”, en la de Caranza, los “Delfines” de San Xurxo, “Velero” de A Malata o “La Duda” en Esteiro y así hasta más de una decena de obras de artistas como Rafael Nadales, José Rubio Gascón y Luis Rapela, de gran tamaño, que hicieron que el mandato PP-IF fuese el más prolífico de los últimos años.
Algunas otras grandes esculturas, en una línea más colorista y en materiales muy distintos al acero o el bronce, también nacieron para quedarse en el mandato de Juncal. El Cantón cuenta con un monumento dedicado a la música, pero a una música muy particular, la ferrolana, o lo que es lo mismo, las rondallas y Pepitas. La obra del ceramista Pérez Porto llena de color la zona del Cantón con personajes con sus bandurrias que forman una pirámide que ha ido variando, debido a que los actos vandálicos han destrozado con el tiempo parte de la obra y ha sido precisa una reforma de la misma, limitando el tamaño original.

Memoria histórica
Después de la gran eclosión escultural de la ciudad, un nuevo cambio de gobierno y también de hacer política. El gobierno socialista de Vicente Irisarri se caracterizó nuevamente por retirar más que por levantar monumentos. Y así, conforme a la ley de memoria histórica y con motivo de la reforma de la zona perimetral de la plaza de Amboage, se eliminó la Cruz de Los Caídos que se encontraba en un lateral. También fue el momento de “ocultar” la estatua ecuestre de Franco, que pasó a unos almacenes de la Armada, evitando su exposición pública.
En este mandato no hubo esculturas de envergadura, sino que fue época de monolitos o placas en reconocimiento a diversas personalidades ferrolanas de distintos ámbitos, como Adolfo Ros, González Collado, Chao Rego o Manuel Amor, entre otros.
El regreso de los populares al ejecutivo local, esta vez con José Manuel Rey como alcalde volvió a ser significativo para la escultura pública ferrolana. El ya conocido como “Capuchoncito”, de Gascón; el Marqués de la Ensenada, obra de César Lombera o la estatua de Canalejas, de Miguel Couto, fueron las últimas incorporaciones de estatuas en la ciudad.
El actual ejecutivo de Jorge Suárez –FeC– también saltó a los medios de comunicación por un busto, pero no por levantarlo sino por querer retirar la imagen del Rey emérito de la fachada del Palacio Municipal, una decisión que finalmente fue llevada a pleno y descartada. En su mandato también se hicieron reconocimientos con monolitos o placas a personas como Xaime Quessada, Antón Varela o Ignacio Echeverría.
Queda por ver si el monumento previsto en la plaza de Armas –de granito, en homenaje al barrio de A Magdalena– marcará o no un hito. Lo que sí es seguro, es que ninguno ha resultado tan original como el “Monumento al Hígado” de Valón ni tan curioso como la fuente dedicada al “Chocho de la Vaca”, de Narón. l

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