“Yo tenía órdenes fijadas de dos vicepresidentes locales del Partido Popular y las cumplí”

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Ayer se cumplieron 25 años de la moción que desplazó de la Alcaldía de Ferrol al popular Couce Doce y encumbró a dicho cargo a su primo, el socialista Couce Pereiro. Pero el gran protagonista de aquella jornada no fueron ninguno de los Couce, sino el edil del PP Juan Santalla, que hizo posible el éxito de la moción y hoy accedió a ser entrevistado por este periódico.

¿Por qué apoyó la moción de censura del 98 contra el entonces alcalde del PP Alfonso Couce Doce?
Es muy sencillo, recibiendo órdenes del partido. Tengo los documentos en los que se dice lo que iba a pasar y lo que debía pasar. Yo en la vida he atentado contra el partido. Te he dicho que te pusieras ahí –en referencia al sitio que ocupa la entrevistadora– porque yo oigo por la izquierda, porque por la derecha soy sordo. Lo digo para que quede clara mi ideología, pero insisto en que yo jamás le he hecho daño al partido, lo que no soy es criado de nadie, porque yo me hice a mí mismo. Comí mierda y también comí tortilla, por lo que estoy acostumbrado a lo bueno y a lo malo. No tengo por qué obedecer a nadie y menos a un pacto de fidelidad. A mí quien me puso ahí no fue Couce Doce, fue el pueblo de Ferrol, como independiente.

¿De quién recibió la orden?
Yo tenía órdenes fijadas por dos vicepresidentes locales del PP. Tengo los documentos originales en los que se me dice lo que tengo que hacer y por qué, pero no puedo dar nombres. Tengo un pacto de honor con esos dos vicepresidentes, uno está vivo, el otro desgraciadamente murió, de que esto se iba a mantener en el silencio más absoluto. Tuve tres entrevistas con Romay Beccaría,– era el presidente provincial del PP– y me explicó lo que había que hacer. Me propuso que otro miembro de otro partido ocupase la Alcaldía. Mi contestación fue que del 2, que era Meca Arcos, al 10, que era López Formoso, un carnicero de la plaza, valía cualquiera, pero no alguien de otro partido.

¿Ese otro miembro de otro partido era una mujer?
Sí, pero no puedo hablar más, porque no debo. No es que lo propusiesen, es que ya lo daban por solucionado así.

Por cierto, Romay Beccaría estuvo en el pleno y se ausentó tras la votación
Sí, se fue tras presenciar el jaque mate.

¿Qué fue lo que llevó al Concello a una situación semejante?
En el Ayuntamiento no se estaba haciendo nada. No se aprobó el presupuesto general y el de Urbanismo, que era el negociado que yo llevaba, fue de cero pesetas en tres años. Por eso no me llevaron a los tribunales, porque no hubo inversión y, en consecuencia, no hubo primas ni el 3% de Jordi Pujol. Los presupuestos de Urbanismo comenzaron a desarrollarse de una manera impresionante cuando el socialista Couce Pereiro accedió a la Alcaldía tras la moción. No me hablo con él pero eso no tiene nada que ver. Couce Pereiro dejó trabajar y se hicieron muchas obras. Hablamos de la Escuela de Idiomas, por la que fuimos denunciados, la nueva traída de aguas y la conexión al río Xubia, por si volvía a pasar lo que no debería haber pasado. En el 89 hubo una sequía espantosa y aquí había racionamiento del agua, por las pérdidas en la red que provocaban riadas en San Mateo y otros lugares.

¿Qué documentación tiene usted en un notario?
No me preguntes eso. Se dijeron tantas cosas: que si yo tenía un chalé en Valdoviño y otro en Cedeira, que tenía dos pisos, que mi hijo estaba empleado en la Xunta... Pero mira, tengo 72 años, los cumplí ayer precisamente y no tengo sentido del humor. Veo a Faemino y Cansado y me dan ganas de romper el televisor, no lo rompo porque cuesta dinero.

Perdone, pero insisto ¿hay algún documento sobre el acuerdo en el notario?
Yo no alcancé ningún acuerdo, a mí me dieron instrucciones, las cumplí y se terminó. Prueba de ello es que yo no he sido expulsado del PP. Las felicitaciones, incluso del señor Aznar, me llegaban a casa por Navidad hasta que les dije que parasen de una puta vez. Físicamente no me pueden matar porque no estamos en Iberoamérica, pero sí me pueden matar ideológicamente. Yo tengo un libro de 210 ó 220 páginas explicando la moción. Lo miró un catedrático de Penal y al ir pasando las páginas me decía: “Esto lo puede demostrar”, yo le decía que no; “esto lo puede demostrar”, no, porque hay testigos pero se pueden negar. Pues bien, no lo puedo publicar, porque el catedrático me dijo que había 200 responsabilidades pecuniarias. Me quedaría arruinado y debajo de un puente porque no puedo demostrar todo lo que he visto y padecido.

¿Qué cosas?
Son cosas que pasaron allí dentro y que yo le conté a Manuel Fraga a través de un escrito de diez folios. Se lo entregué a un guardia civil de su custodia en su chalé, antes de la moción, explicándole lo que iba a pasar y el por qué. Fraga era totalmente consciente de que iba a apoyar la moción de censura. Esa carta también está depositada en la notaría. Don Manuel jamás me dijo nada y prohibió que esa carta se hiciera pública. Los problemas venían desde el principio de la legislatura. Primero anduvo conmigo a bofetadas –en alusión a Couce Doce– porque yo no quise legalizar una actividad industrial. Entonces hubo bofetadas dos días antes de la Navidad.
Bofetadas físicas?
Sí, sí, delante de testigos. Cuando no se aclaraban las cosas, el individuo, una de dos, o se tomaba una lona, porque el problema de Ferrol en ese sentido era la “canfurnada” y se resolvieron muchos problemas en dos cafeterías de la calle Galiano, o sacaba la navaja automática amenazando a todo el mundo. Y era una navaja ilegal, de más de seis centímetros, por la que incluso lo retuvieron en el aeropuerto. Él no lo hacía por mal –sigue refiriéndose a Couce Doce– porque me consta que es un hombre honrado. Me consta su profunda honradez, y es más, la Alcaldía le costó un disparate de dinero, porque él era una mano abierta. Yo no tengo nada que hablar mal de él, pero políticamente era un desastre.

Después de todo lo ocurrido, ¿volvería a hacer lo mismo?
Totalmente, bueno haría algo más, pero no puedo, que es lo que harían los demás conmigo: No fusilo porque no puedo. Si fuera un gran gobernante, si fuera un Idi Amin a lo mejor esto lo limpiaba de otra manera. Yo nací equivocado, debería haber nacido en Sicilia o en los bajos fondos del Bronx para resolver los problemas de otra  forma.

¿Cómo llevó la situación tras la moción de censura?
Muy bien –responde en tono sarcástico–. Todos los días me insultaban e incluso una prestigiosa periodista le llamaba a mi mujer zorra en la calle. A mi hijo le rajaron ocho ruedas del coche, a mí me provocaban daños en el mío todos los días, hasta el punto de que la compañía Mapfre, en la que tenía el seguro a todo riesgo, me devolvió la póliza después de reparar los daños para que me fuera a otra compañía, porque el mío era un gran riesgo. ¿Qué más quieres que te diga?

¿Es cierto que tuvo que marcharse de su casa un tiempo?
Yo no me marcho de casa porque nací aquí y voy a morir aquí. Tenía unos días de vacaciones y me fui después de oir a una mujer que me insultaba y me tiraba monedas cuando salía del Ayuntamiento.

¿Cómo ve la situación política actual?
No creo en la democracia después de todo lo que he pasado. Esto va como va y que hagan lo que puedan si es que pueden. Si se quieren matar entre ellos que se maten.

¿Cuándo abandonó el PP?
A mí me apuntó al PP Martínez Barcón con la promesa de que iba de independiente, junto con Vázquez Cabido. Eramos dos personas que no eramos del partido hasta que nos hicieron. Yo no dije nada, me dieron el carné y lo cogí, hasta que les mandé un fax diciendo que me borraran. n

“Yo tenía órdenes fijadas de dos vicepresidentes locales del Partido Popular y las cumplí”