La asociación de transportistas alerta de que uno de cada cinco son piratas

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“A veces nos sale más rentable tener los vehículos parados”, asegura José Manuel Raimúndez. El presidente de la Asociación de Transportes Ligeros de A Coruña denuncia la grave situación del sector, acosado por los transportistas piratas.  Según sus propias estimaciones, los doscientos profesionales que trabajan en la ciudad, realizando mudanzas y llevando suministros a los negocios coruñeses, tienen que competir con unos 50 transportistas piratas, que se dedican a la misma labor sin tener los permisos en regla. 

“Así que nosotros pagamos 1.500 euros para tener un seguro público y ellos trabajan con un seguro privado de 400 euros”, se lamenta Raimúndez. Eso les obliga a bajar las tarifas para poder competir con los piratas en igualdad de condiciones. “Nos mantenemos con las mismas tarifas que en el año 2000”, asegura el portavoz del sector, que denuncia la pasividad de las autoridades. 

“A nosotros, todos son inspecciones, pero a esta gente nadie la controla”, asegura Raimúndez. En cuanto al origen de estos transportistas piratas, es muy diverso. A veces son profesionales de la construcción que contaban ya con una furgoneta para llevar los materiales y a los que la falta de trabajo les ha llevado a buscar esta salida, pero en otras ocasiones es gente que se ha hecho con una furgoneta ex profeso para ejercer como transportista “en negro”. 

Robos de mercancía

“A la gente les están ofreciendo un servicio que es ilegal. Y como cobran menos, la gente les confía sus mercancías”, aclara el portavoz del sector, que recalca que puede ser un error que tenga graves consecuencias, puesto que no tienen ningún seguro que les cubra los daños en caso de accidente. O peor: si les roban. “Ya ha ocurrido en alguna ocasión, cogen la mercancía y la venden por ahí”, advierte Raimúndez. 

“Entre esta gente y los falsos autónomos, nos están arruinando”, insiste. Y lo peor es que no existe ninguna clase de control en A Coruña, que se ha convertido en un campo abonado. “En carretera sí, tienes a la Guardia Civil, pero una vez entras en Alfonso Molina, ya nadie hace inspecciones”, comenta. Y no solo a las furgonetas sospechosas. Los agentes municipales son muy laxos con las normativas en materia de carga, en opinión de Raimúndez: “Ves a la gente con sus coches, cargados de azulejos, cuando vuelven de A Grela”. En cambio, trabajar legalmente como transportista requiere  cumplir muchas condiciones, como no comprar vehículos de más de tres años. 

tres para la doble fila

En lo que los policías locales sí se muestran inflexibles, denuncian los transportistas, es en la cuestión de la doble fila. Muchas veces se encuentran con que las zonas de carga y descarga están ocupadas, así que tienen que estacionar de forma irregular. “Cuando volvemos, ya nos han puesto la multa”, explica Raimúndez. Muchos de los transportistas han adoptado la práctica de dejar siempre alguien en el asiento del conductor mientras su compañero hace la entrega. En los envíos grandes, son dos los que lo hacen mientras el tercero aguarda.

El resultado es que aumenta el coste del transporte. “En cambio, dejan que se usen las zonas de carga y descarga como aparcamientos. Hay furgonetas de fontaneros y albañiles que aparcan ahí todo el tiempo que quieren. Las zonas no son para eso, tiene que haber una circulación rápida”, protesta el portavoz del sector. En estas condiciones, el trabajo se hace cada vez más difícil para los transportistas.

La asociación de transportistas alerta de que uno de cada cinco son piratas