Manolo Aller: “No hemos venido a descubrirles el baloncesto”

Manolo Aller valora muy positivamente este primer mes y medio en China tanto a nivel personal como deportivo
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Exprimió al máximo su etapa como jugador vistiendo la camiseta del legendario OAR, pero desde que a principios de siglo colgó las botas, Manolo Aller (Ponferrada, 17 de abril de 1963) asumió un perfil más técnico con la única pretensión de seguir disfrutando de un deporte que le apasiona y al que ha dedicado lo mayor parte de su vida. 
Después de catorce años vinculado a la Federaión Española de Baloncesto, viviendo en primera persona muchos de los éxitos recientes del baloncesto nacional, este berciano de nacimiento y ferrolano de adopción ha decidido dar un giro radical a su vida profesional. Tanto que se ha ido a más de 10.000 kilómetros de distancia de la ciudad donde ha echado raíces para probar fortuna en el baloncesto chino. Lo hace con humildad. No pretende descubrir la pólvora, solo aportar su grano de arena para que los Guangzhou Long Lions sigan creciendo y, de su mano, lo haga también el baloncesto en el coloso asiático.

¿Qué le llevó a cambiar tan radicalmente de aires?
Estaba encantado en la Federación Española de Baloncesto, pero ahora mismo tenía que hacer seguimiento desde la selección sénior a la sub 12 y cada vez estaba menos tiempo en la cancha. El baloncesto era cada vez una parte menor de mi trabajo y empezaba a echar de menos entrenar. La pista aún me tira, la competición me encanta y el runrún de volver a entrenar siempre estuvo ahí, pero nunca se había dado la posibilidad hasta ahora porque, seamos claros, en España es difícil entrar como ayudante. 

¿Y qué cambió para que de la noche a la mañana se embarcase en esta “aventura”?
José Antonio Orenga, del que soy amigo personal desde hace años, me planteó la posibilidad de irme con él a China (el exseleccionador nacional ya había dirigido la campaña anterior al Jilin Northeast Tigers) y la verdad es que se dieron todas las situaciones propicias para lanzarme: lo planteé en casa y la familia estuvo de acuerdo y en la FEB no me pusieron problemas. Si las cosas no salen bien, volveré sin problemas.

¿Cómo es el proyecto de los Guangzhou Long Lions?
Es un club que lleva quince años compitiendo. En las últimas tres temporadas sufrió en la zona media de la tabla, pero ahora tiene un nuevo presidente, un hombre joven que ha vivido en Estados Unidos y que quiere darle una vuelta a la organización. En ese sentido, es un club especial y distinto a otros equipos chinos en el que, por ejemplo, hay seis o siete personas que hablan inglés, y eso nos facilita las cosas. Aunque es un club de la ciudad de Foshan, ha llegado a un acuerdo con la ciudad de Guangzhou para jugar allí tres años.
¿Se adapta al nuevo rol?
Cuando trabajas en la dinámica de la selección lo haces a corto plazo, aquí hay más tiempo y puedes hacerlo con calma. Para mí, lo mejor es estar centrado al cien por cien en un único equipo y pensar solo en basket, basket y basket, que es lo que me pedía el cuerpo.

¿Cuáles son las primeras impresiones que se ha llevado del club a nivel deportivo?
Tiene unas instalaciones magníficas, con dos canchas de baloncesto, residencias, mucho personal... ¡No falta de nada! Estamos trabajando con 16 o 17 jugadores, pero sabemos que algunos no se quedarán. Y aún faltan por llegar dos jugadores chinos que están con la selección y los extranjeros.

¿Cómo es la liga?
Dura solo cinco meses, pero en ese tiempo se disputan 46 partidos, varios por semana, con estancias fuera, desplazamientos largos... Por eso hemos empezado la pretemporada tan pronto –el campeonato no arranca hasta finales de septiembre–, porque después no puedes trabajar igual. La organización del campeonato y de los equipos es muy diferente a Europa, es más parecida a la NBA, pero con gran respeto por los jugadores chinos. Las plantillas son muy amplias y hay una especie de “draft”, se intercambian jugadores... Es una liga dura, con buenos jugadores. Antes los extranjeros venían en la recta final de su carrera, a hacer dinero antes de retirarse. Pero ahora no. Llegan antes y son más competitivos.

¿Le ha sorprendido el baloncesto chino?
Los jugadores chinos tienen un físico tremendo y todo es muy profesional. Se pasan once meses al año en el club, dedicados única y exclusivamente a entrenar. Una de las diferencias que noto es que falta educación baloncestistica desde pequeños. Eso hace que el trabajo tenga que ser más repetitivo, porque les cuesta más entender el juego. Pero es un país con gran potencial. Evidentemente, atrae el tema económico, pero el aspecto deportivo también es muy atractivo. Nosotros hemos venido con humildad, a trabajar, a ayudar en todo lo que podamos, no a descubrirles el baloncesto.

Manolo Aller: “No hemos venido a descubrirles el baloncesto”