Manuel de la Cruz González, alias Sopiñas

Retrato del general Zumalacárregui
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A principios del siglo XIX, mientras España estaba en plena guerra de la Independencia contra las fuerzas francesas y sufría las posteriores consecuencias de las luchas entre los liberales y los carlistas, en Galicia comenzaba la etapa cultural del Rexurdimento. En este contexto aparece en Ferrol un singular y controvertido personaje, Manuel de la Cruz González, más conocido por su alias de Sopiñas, que llegó a la ciudad el año 1800. Con el tiempo fue una de las personas de más influencia en Ferrol por sus actividades comerciales y sociales, mientras parecía convertirse en el jefe de una partida de bandoleros que actuaba en la comarca ferrolana.


Natural de Santa María de Saavedra, municipio de Outeiro de Rei, el año 1784, Manuel de la Cruz llegó a Ferrol con 16 años de edad, empleándose como aprendiz en la sastrería de José Bolle. En su trabajo recorría la comarca, yendo de feria en feria dedicado a la venta y compra de ropa usada, en unos momentos en que empezaban a proliferar los bandoleros Por el poco tiempo disponible, apenas se alimentaba de un plato de sopa en su trabajo, y de ahí el alias de Sopiñas con el que fue pronto conocido.


Después de cinco años de continuado trabajo, adquirió una tienda de comestibles en Ferrol, casándose con Ramona Bada, mientras compraba nuevas propiedades en la ciudad y abundantes terrenos por toda la comarca. Se convertía así en un hombre de negocios, próspero e influyente, logrando contratos para el suministro a entidades militares y se asociaba con el comerciante Franciso Jofre Carbonell.
Manuel de la Cruz entabló amistad con muchas personas influyentes de Ferrol, no solo políticos y comerciantes sino también del mundo judicial y militar. Se dice que de esa forma el comerciante lucense pudo crear una estructura de poder, dirigiendo una asociación secreta, incluso bajo juramento de silencio, un grupo que al parecer llegó a pasar de los cien integrantes. Entre otros comerciantes de Ferrol de los que se escribe que eran sus colaboradores, se citan a Victorio de la Peña, Lázaro Martínez y Miguel Rodríguez.


Al paso del tiempo Manuel de la Cruz, Sopiñas, ya no necesitaba salir a los caminos; organizaba y dirigía desde Ferrol los robos, tanto de viviendas de cierta importancia como de casas rectorales, sin participar directamente en ellos, repartiendo luego las ganancias entre sus allegados. Protegido por los jefes militares y los grandes comerciantes de Ferrol, realmente se puede decir que campaba a sus anchas en la ciudad.


Lo cierto es que entre los años 1812 y 1832 los vecinos de los pueblos y aldeas de la comarca de Ferrol vivían un cierto estado de terror por las andanzas, reales o a veces historiadas, de bandas como la del Sopiñas, y otras gavillas, incluso de componentes procedentes del carlismo, que campaban sin control desde Ferrol a Ortigueira, sin que lo impidiesen el ejército de Fernando VII o los voluntarios realistas.
Llegado el año 1832 ocurrió un hecho que precipitó los acontecimientos. El importante robo de dinero y joyas perpetrado por Manuel de la Cruz en una casa de Caamouco, propiedad de un conocido personaje indiano, Lorenzo Antonio del Curro, se unió a las múltiples denuncias de otros ciudadanos, coincidiendo con la llegada del general Tomás Zumalacárregui como gobernador civil y militar de Ferrol.


En esos momentos apareció un cadáver en el foso del Arsenal, que una vez identificado resultó ser Manuel Mariño, conocido miembro de la banda de Manuel de la Cruz, al parecer ajusticiado por el mismo Sopiñas. Según algunas fuentes el cadáver había sido llevado al foso, para que de esa manera fuese la jurisdicción militar la que tuviese que entender el caso.

Las investigaciones iniciadas por el nuevo gobernador militar, el controvertido general Zumalacárregui, se dirigieron hacia la viuda de Manuel Mariño, que denunció a la banda. Como consecuencia, las actuaciones judiciales llevaron a detener a cuarenta componentes de la banda, incluido Manuel de la Cruz, ingresando todos ellos en mayo de 1832 en el castillo de San Felipe, donde el propio Sopiñas sufrió un intento de envenenamiento con la comida que se le suministraba.


En mayo del año 1832 el comerciante de Ferrol fue acusado formalmente de ser el dirigente de una banda de forajidos. El 5 de octubre de 1833, tras un largo juicio que presentó diversas connotaciones, el Consejo de Guerra le condenó a muerte, además de confiscar su abundante patrimonio. A la muerte del rey Fernando VII tuvo lugar la amnistía de la Reina Regente María Cristina, librándose Manuel de la Cruz de la pena de muerte a cambio de perder la salud en los diez años en que estuvo preso en el penal de Ceuta.

Sobre la vida y actividades de Manuel de la Cruz y su banda se editaron recientemente varias publicaciones, entre ellas “Las andanzas del Sopiñas: capitán de una gavilla de bandoleros”, obra de Santiago González-Llanos, y “Manuel de la Cruz, alias Sopiñas”, obra de Manuela Santalla y Juan C. Rico, ambas publicadas en editorial Embora. Estas obras hasta cierto punto pueden dar una visión contrapuesta del personaje ferrolano. Lo cierto es que la desaparición de la causa judicial en su contra, y su posterior entrega por un particular al Museo Naval de Ferrol, genera muchas dudas sobre este proceso.

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Manuel de la Cruz González, alias Sopiñas