“Tuve que morir para volver a nacer”

Diario de Ferrol-2019-05-02-009-74815456
|

El Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos Ferrolterra celebra este sábado su tercer aniversario, un evento que festejarán en su sede (Cuntis, 49) a partir de las seis de la tarde y en la que se darán cita unas 80 personas llegadas de otros grupos del resto de España, así como de México y Portugal, aunque la entrada es libre y puede ir todo aquel que esté interesado. 

Ese mismo día también celebrará su “octavo aniversario de sobriedad” Manuel, uno de los fundadores del grupo en la ciudad naval que asegura que, aunque la enfermedad sigue con él, el pensar en cómo acabaría le da fuerzas para seguir adelante. “Mucha gente no entiende que un alcohólico es un enfermo y no lo digo yo, lo dice la OMS”, destaca, al mismo tiempo que recuerda sus inicios en esa pesadilla en una de las juntas que celebran a diario en el grupo. 

“Es un infierno cuando te despiertas. Yo no me acordaba de nada. Podía haber matado, robado.... Tus padres te tienen que desnudar para meterte en cama. Y probé de todo, terapias, medicación, ingresé en un psiquiátrico... Y yo no quería estar así, yo era alcohólico pero no idiota; esta es la enfermedad del miedo”, relata, al mismo tiempo que explica que “el alcohólico es la persona que no sabe controlar los tragos”.

Operado dos veces de corazón –después de la primera, con 24 años, siguió bebiendo– y de realizar varias fugas geográficas que le hicieron pasar por Girona y Pamplona y beberse todo el dinero que había ahorrado, llegó un día en el que decidió tomarse cientos de pastillas “porque ya me sentía como una mierda”.

Empatía
Después de pasar por los tres caminos de la enfermedad –el psiquiátrico, la cárcel y casi la muerte– Manuel buscó ayuda y la encontró en el Grupo 24 Horas, que por aquel entonces solo existía en A Coruña. “Me sentí reflejado. Agradezco mucho a los compañeros que me salvaron la vida y, para mí, el programa funciona 100% porque desde que entré no he vuelto a beber y tengo amigos de verdad dentro y fuera. Tuve que primero morir para volver a nacer”, asegura.

Los inicios de Manuel fueron como los de Ángel, que entró recientemente por la puerta del grupo. El tomarte dos tragos y sentir la desinhibición es lo que animaba a ambos a confiar en el alcohol a la hora de relacionarse. “Empecé a beber joven los fines de semana y como era bastante tímido y no me gustaban las multitudes, bebía y me daba alegría”, comenta. Al terminar lo que entonces era BUP y sabiendo que si vivía con sus padres no podía tener “grandes desfases”, decidió marcharse para poder “desmadrar”. Pero, con el paso del tiempo, se dio cuenta de que llevaba una vida que no le gustaba y vivía en una ciudad en la que no quería estar, por lo que el alcohol fue su aliado. “Siempre buscaba una vida mejor y no la lograba y no quería estar solo pero me divorcié dos veces... No vives, pasas los días. Lo que para otros son problemas normales yo no los supe llevar”, destaca.

Tras pasar muchos miedos e incluso pensar en el suicidio, un día leyendo el periódico vio un reportaje sobre el Grupo 24 Horas y decidió probar suerte. 

Margarita es otro ejemplo de historia de superación y que este año cumple su “primer aniversario de sobriedad”. “El día más importante de mi vida fue el que entré por la puerta del grupo por primera vez”, asegura. Se crió como una niña sumisa en una familia tradicional y, después de estudiar Enfermería, decidió meterse en la Armada para que su familia la respetase. “Siempre me sentí pequeñita y era como una actriz con mil disfraces en distintos escenarios”, asegura.
Comenzó también en su adolescencia a beber porque comprobó que, al tener “aguante”, era popular con sus iguales.  

Madre de dos hijos y separada después de una relación tormentosa que duró diez años, su situación personal hizo que su dependencia del alcohol fuese cada vez mayor, hasta el punto de sentirse una fracasada y querer tirarse por la ventana. "Todo lo que había querido, casa, familia y trabajo, había fracaso. Tenía que pedir un crédito para pagar otro y a mis hijos nunca les faltó de nada pero no tuvieron lo que querían", asegura, por lo que el día de Difuntos –tenía que llevarle flores a su madre que había fallecido de un cáncer– decidió pedir ayuda y solo le respondieron al otro lado del teléfono los del Grupo 24 horas.

“No tenía que fingir más, lloré de una forma increíble porque cuando hablaba otro es como si hablase de mí y empiezas a reír de verdad”, indica, al mismo tiempo que señala que su hijo mayor, que la vio muchas veces en un estado lamentable, ahora le dice que está feliz porque “vas al médico de las cervezas”, asegura.

“Tuve que morir para volver a nacer”