Joaquín de Arévalo, padre e hijo

Retrato de Joaquín de Arévalo Rodríguez
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Dos personajes ferrolanos que llevaron a cabo su trabajo de periodistas y escritores de forma esencial en Ferrol, la ciudad donde nacieron, durante un período que abarcó los últimos decenios del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, fueron Joaquín de Arévalo Otero y Joaquín de Arévalo Rodríguez, padre e hijo respectivamente. Su obra escrita ha dado lugar a algunas confusiones sobre su autoría, al firmar ambos sus trabajos, en ocasiones, simplemente como Joaquín de Arévalo.
El padre, Joaquín de Arévalo Otero, nacido en Ferrol el año 1840, fue oficial de la Armada, crítico literario y periodista; durante el año 1882 estuvo ejerciendo de cronista de la guerra anglo-egipcia. Casado en Ferrol con Juana Rodríguez Fariña, tuvo con ella tres hijos, Manuela, Enrique y Joaquín de Arévalo Rodríguez, este último, escritor como su padre. Activo miembro de la masonería, estuvo embarcado en varios buques de la Armada, alcanzando el empleo de Contador de Navío. Falleció a la edad de cincuenta años, el 24 de febrero de 1890, víctima de una afección cardíaca.
Como periodista, Joaquín de Arévalo Otero escribió en los periódicos “El Correo Gallego” y “La Monarquía”, ambos de Ferrol, y “La Época”, de Madrid. Asimismo fue colaborador en diferentes momentos de diversas revistas como “Galicia Moderna”, “Galicia. Revista Regional”, “Revista Gallega” y “El Eco de Galicia”. También escribió en lengua castellana tanto poesía como ensayo y narrativa. 
El año 1888 Arévalo Otero publicó en la Biblioteca Gallega de A Coruña un libro de cierta difusión en su momento, el titulado “Ocios de camarote”, una colección de cuentos cortos. En el prólogo, su amigo y colega Leandro de Saralegui y Medina expone que las narraciones de esta publicación se pueden encuadrar en el género descriptivo, resaltando que se trata de una serie de escenas de la vida real y marinera, que contienen cierta nota satírica y vena poética. Relatos como “Mugardos”, “En los malecones”, “Ataque de los torpederos”, “El baile de las estatuas” o “Una media noche a bordo”, según su propio autor, muestran connotaciones gallegas y las envuelve un aura marina.   
Joaquín de Arévalo Rodríguez, hijo del anterior, nació en Ferrol el año 1882, donde murió el año 1939, siendo un prolífico escritor que publicó tanto novelas y obras teatrales como poemas en gallego y castellano, y un periodista que ejerció su trabajo en la prensa de Galicia y de América. Colaboró de forma asidua en los periódicos de Ferrol “El Correo Gallego” y “Diario Ferrolano”. 
Asimismo Arévalo Rodríguez fundó en nuestra ciudad dos conocidos semanarios: “El Merlo”, año 1900, y “Ferrol Grotesco”, año 1919, ambos de carácter satírico, indicando el segundo de ellos que estaba editado en “el lugar de Villapodre”. Aparecen también una serie de artículos suyos en las revistas “Ilustración Gallega”, Vigo, año 1911, y “Revista Gallega”, A Coruña, año 1915, órgano del regionalismo liberal.
Según informa Guillermo Llorca en su obra “Ferroláns en Cuba”, Joaquín de Arevalo Rodriguez el año 1922 era correspondiente en La Habana de la revista “España”, publicación en la que tenía a su cargo la sección titulada Las caricaturas de Arévalo, donde publicó el artículo “Ferrol Moderno”. En la capital cubana formó parte de una tertulia que tenía lugar en el café La Puerta del Sol, junto con Ramón Cabanillas, Villar Ponte, Xulio Sigüenza, Blanco Torres y otros conocidos intelectuales gallegos.
Durante su estancia en Cuba el escritor ferrolano colaboró también en la revista “Galicia Moderna” y publicó diversos poemas en gallego y castellano en las revistas “A Terriña”, “Follas Novas” y “Labor Gallega”, siendo muy celebrada la poesía “Galicia sonora. La gaita”, publicada en la última de las citadas publicaciones. En el citado poema hace una apología del tradicional instrumento musical gallego, escribiendo del mismo: “yo no sé lo que tiene; es un encanto que en el alma se mete cuando suena”.  
Entre las numerosas publicaciones de Joaquín de Arévalo Rodríguez se puede citar una obra teatral, un apropósito dramático titulado “Un viaje por Ferrol”, que estrenó en esta ciudad el año 1901. Dentro de su variada narrativa destacan las novelas “Sorpresa amorosa”, publicada el año 1902 en Ferrol, “Misterios del lupanar”, publicada el año 1906 en Madrid, y “El Santiño. Novela eclesiástica”, obra con la que obtuvo el 2º premio  del concurso de la Biblioteca de Escritores Gallegos y que se publicó en Madrid el año 1911 con un prólogo de Prudencia Canitrot. 
Como autor de obras de teatro, Joaquín de Arévalo propuso la reforma del escenario teatral utilizando para ello tanto la voz de los animales como el ruido ambiental producido por el viento y el mar. Esta novedosa y original propuesta que bautizó como “arte onomatopéyica”, con la que intentaba dar al público la mayor sensación de verosimilitud de la presencia de Galicia, la explica en su curiosa obra que tituló “El hombre-Galicia. Poesía, música, pintura, cantos, declamación, arte de nuestra tierra”, y que fue publicada en Ferrol el año 1912.
Arévalo Rodríguez fue también el autor de diversos poemas en lengua gallega, siendo los más conocidos la composición que tituló “A carta do quintorro”, composición en la que hace burla de un recluta gallego que no conoce el idioma castellano, y el poema que dedicó el año 1918 al artista ferrolano Camilo Díaz Baliño. Una narración del escritor ferrolano que causó un fuerte impacto en su época fue la novela titulada “Misterios del lupanar. Novela mísero-social”, publicada el año 1905, escrita dentro del llamado naturalismo radical. En la citada obra el autor se define como seguidor de Eduardo López Bago y Eduardo Zamacois, figuras del citado movimiento literario.  
Joaquín de Arévalo Rodríguez falleció en Ferrol el año 1939. Tanto él como su padre, Joaquín de Arévalo Otero, son dos personajes que se encuentran olvidados en una ciudad que actualmente no guarda un recuerdo de ninguno de ambos escritores. 

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