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“La nueva Ley Disciplinaria quiere dejarnos como estábamos hace treinta años”

bravo, con carlos vidal, delegado en galicia de la organización l. polo

Con la premisa de que los militares “somos parte de la sociedad, y no aparte de la misma, como durante mucho tiempo han pretendido algunos para fiscalizar lo que ocurre de murallas afuera”, Jorge Bravo cree que en materia de derechos, las Fuerzas Armadas no han cambiado “casi nada”. La semana pasada presentó los objetivos de AUME en el centro Herrerías, un acto que por primera vez, y al amparo de la Ley de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas aprobada en 2011, se celebra en un recinto militar. “Hemos hecho historia”, reconoce.

 

¿Qué valoración hace de la ley?

El proyecto inicial era horrible, era más una ley de deberes que de derechos, pero gracias a las aportaciones que hicimos y se tuvieron en cuenta es más llevadera. Luego vienen los desarrollos, y es en estos donde están tratando de limitar los derechos que la ley general reconoce. De hecho, uno de las novedades era la creación del Consejo de Personal de las FAS, donde los representantes de las asociaciones profesionales debatimos con el Ministerio las normas que nos afectan, que está siendo muy limitativo, en el sentido de que nuestras aportaciones no se están teniendo en cuenta. La propia ley regulaba derechos fundamentales como el de libertad de expresión, manifestación, reunión, etc., y ahora resulta que tenemos muchas más pegas para ejercerlas. De hecho, esa poca libertad que nos quedaba para ejercer nuestros derechos fundamentales se está corrigiendo mucho más con otra ley que se está preparando, la disciplinaria.

 

¿En qué puntos en concreto?

Hay un artículo que directamente va a prohibir a los militares manifestarse. Curiosamente, este artículo apareció después de que el proyecto de ley pasase por el propio Consejo de Personal. Es decir, que nos presentan un proyecto de ley y, una vez que pasa por ese órgano, añaden un artículo tan nefasto como ese. Estamos viendo que existe una especie de oposición para hacer desaparecer todos esos derechos que se nos habían venido a reconocer en un grado bastante pequeño. Nos quieren dejar como estábamos hace 30 años.

 

¿Cuál es la situación general en Europa?

Hay de todo. Hay Estados en los que no está reconocido el ámbito asociativo de las FAS; otros en los que lo está de forma muy similar al de España, y otros que incluso permiten el sindicalismo, como Alemania, Bélgica u Holanda. En Inglaterra está tan reconocido el militar y tan bien protegido que no existe un movimiento asociativo ni sindical en el Ejército. Tienen problemas, pero desde luego no son tan urgentes ni tan graves como en España.

 

AUME defiende la reforma de la Ley de la Carrera Militar. ¿Por qué?

Hay que mejorarlo todo. La Ley de la Carrera Militar se hizo en 2007 y la de Tropa y Marinería, en 2006, es decir, cuando no existía el ámbito asociativo y, por lo tanto, sin contar con nosotros. La primera se hizo mal porque truncó muchas carreras profesionales. Nosotros pedimos que se abra un periodo transitorio para que a toda esa gente se le deje terminar sus carreras con aquellas expectativas que tenían cuando ingresaron en las FAS y que lo nuevo se aplique a quienes ingresen. No estamos en contra de lo fundamental de esa ley, que es cambiar el sistema de acceso y promoción por antigüedad por el de méritos y capacidades, pero no estamos de acuerdo en que eso se aplique a quienes lleven más de la mitad de su carrera hecha, sin margen para poder seguir progresando.

 

También quieren que se modifique la de Tropa y Marinería...

Queremos que se les incorpore a la Ley de la Carrera Militar para darles una cobertura que hoy no tienen y que, con ello, puedan tener acceso a una situación laboral de por vida como el resto de los militares. La actual norma no contempla esa posibilidad más que a unos pocos, mientras el resto está con contratos temporales y sujetos directamente a la determinación que tengan sus jefes directos. Si le caes mal, sabes que se te complica la continuidad en las FAS. Eso, en esta época de reducción de efectivos, es muy grave porque va a originar que el soldado sea muy sumiso, que no proteste y que no levante la voz aunque sea para pedir cosas legítimas, por temor a que se le interprete mal, se le considere mal soldado y no se le renueve.

 

¿En los últimos años las FAS han cambiado mucho o no lo han hecho todo lo rápido que debieran?

Han cambiado en algunos aspectos, como son las misiones encomendadas que recoge la ley orgánica de la Defensa Nacional de 2005; han cambiado los materiales, que se han ido renovando, y en la organización, puesto que veníamos prácticamente de un Ejército de ocupación que se mantuvo con Franco a otro mucho más flexible y enfocado a misiones en el exterior y defensa del territorio nacional. Hay aspectos como la propia profesión de los militares y la propia carrera en la que hemos avanzado muy poco; y en derechos, casi nada.

 

¿Es creciente el interés por participar en las asociaciones como AUME o, por lo general, es una profesión poco activa en ese aspecto?

Hay una especie de convencimiento, no por la gran mayoría, pero sí por muchos compañeros, de que la normativa anterior, las reales ordenanzas, ya velaba por nosotros y por eso no hacían falta organizaciones reivindicativas. Sin embargo, la realidad es que no ha velado bien por los militares porque hemos tenido y seguimos teniendo muchísimos problemas sin resolver. Partiendo de esa concepción de que otros tenían que solucionar los problemas, ahora nos estamos dando cuenta de que si nosotros mismos no nos movemos por lo nuestro, nadie lo hará por nosotros. Hay muchas expectativas y ganas de colaborar y participar, pero existe un miedo; hasta hace unos años se debía a la posible prohibición que hubiese al respecto de participar en las asociaciones y, ahora, a que el jefe se entere de que estás en algo que no le gusta y por eso te haga una mala calificación. A día de hoy, el principal parámetro para el ascenso son las calificaciones que te hace tu jefe, sobre todo en los contratos de tropa y marinería y hay miedo a que le caigas mal a tu jefe porque no le guste que participes en una asociación profesional. Pero expectativas hay y, de hecho, a las reuniones que hacíamos hace cuatro años venían la mitad de compañeros.

“La nueva Ley Disciplinaria quiere dejarnos como estábamos hace treinta años”

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