Financiar los estudios de máster: inversión de futuro

Financiar los estudios de máster: inversión de futuro
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Es difícil renunciar a algo que podría significar un cambio en nuestra vida, a ese empujón extra que necesitamos para alcanzar la meta deseada. Estudiar un máster puede servir para reenfocar nuestra carrera profesional, para especializarnos en un sector en el que queremos progresar o simplemente para darnos el gusto de seguir aprendiendo. Son tres motivaciones muy potentes como para tener que reprimirlas por culpa del precio. Porque sí, hay una mala noticia: estudiar es caro, pero la buena es que podemos financiar un máster con las mejores condiciones del mercado crediticio con los préstamos sin nómina para estudiantes.

Los préstamos para estudios

En Madrid, 3.000 euros. En Barcelona, 2.500 euros. No, no es la renta media mensual por habitante. Es el precio de los másteres más baratos que se pueden cursar en las dos ciudades más grandes de España. Estos precios, por supuesto, son para universidades públicas. E insistimos, son los más bajos. Es habitual encontrar matrículas que ascienden a 5.000, 7.000 o 10.000 euros, cantidades inasumibles en la mayoría de los casos. Ante semejante muro, hay dos alternativas: darse la vuelta y marchar o recurrir a la financiación.

Los motivos por los que deberías financiar tu máster

A continuación, vamos a justificar por qué tanto ellos como otros préstamos del mercado son una alternativa ideal. Está claro que financiar un máster te ayuda a conseguir aquello que tanto deseas, pero gracias al estudio realizado tenemos tres razones más para apostar por esta vía:

En primer lugar, son baratos: mientras que la media de los préstamos personales se sitúa actualmente en un 7,14% TIN, hemos comprobado que la financiación para estudiar un máster se mueve, en muchos casos, sobre el 4,5% TIN. 

En segundo lugar, las facilidades para devolver el crédito. “Mis padres pueden avalarme, pero yo no tengo ingresos suficientes para ir pagando el préstamo mientras estudio y tampoco quiero que se encarguen ellos”. Este pensamiento puede aparecer en la mente de cualquier estudiante cuando se plantea solicitar financiación. Sin embargo, aquí aparece una oportunidad interesante.

Muchos de los préstamos estudios permiten solicitar un período de carencia. Es decir, podremos retrasar el inicio del pago de la deuda (o solo pagar los intereses, que resultaría una cuota muy pequeña) hasta que hayamos terminado los estudios y contemos con ingresos suficientes para devolverlo con mayor comodidad. Esta alternativa permite posponer la devolución desde unos meses hasta varios años. Además, el plazo de reembolso es de los más largos del mercado financiero: supera los 8 años en un 40% de los casos investigados.

Finalmente, existen muchas ofertas: todos los bancos principales los ofrecen y también multitud de entidades financieras online. La lista es enorme.

Elijamos una u otra vía, debemos saber que el banco nos exigirá cierta vinculación con ellos (a no ser que acudamos a nuestra propia entidad). Puede ser abrir una o varias cuentas, domiciliar una nómina, contratar un plan de pensiones, etc. Por lo demás, los requisitos son similares a los del resto de los préstamos. Lo que sí hay que tener en cuenta es que el beneficiario no podrá tener más de 30 años, excepto algún caso que permite llegar a los 35.

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