Los pavos reales huyen de las obras

el pavo real se ha mudado con las gallinas del colegio de san xoán d.a.
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 Que los pavos reales del parque Reina Sofía tienen espíritu viajero es algo que constatan casi a diario los vecinos de Canido, Ferrol Vello o la calle Real. De vez en cuando salen de su entorno arbolado y se dan un garbeo para mostrar sus plumas en un contexto más urbano, como esas modelos que posan en viejas fábricas o en estaciones de tren abandonadas para que las prendas que lucen destaquen más. Pura presunción.
Pero desde que en el Ayuntamiento se empeñaron en hacer desaparecer el cierre del  recinto que les sirve de hogar –y al que regresan cada noche después de haber estirado las patas, en el buen sentido de la expresión– estos paseos se alargan. Y seguramente no es solo porque la caída del muro los hace sentirse más libres. Como muchos vecinos, es probable que sientan la imperiosa necesidad de huir del constante martilleo que las obras provocan en sus diminutos cerebros (los de los pájaros, ojo). Pero los pavos tienen la ventaja de que pueden hacerlo.  
Algunos, quizá los menos espabilados, se quedan picoteando en las zanjas abiertas por la maquinaria. Otros hacen acopio de todo su espíritu aventurero y, pata va, pata viene, con algunos vuelos cortos intercalados, se atreven incluso fuera de puertas.
Hasta el colegio de San Xoán de Filgueira, a la respetable distancia de casi cinco kilómetros, llegó ayer uno de estos pavos reales fugitivos. Salvo mejor opinión –puede que el ave sea propiedad de algún vecino y haya sentido también el impulso explorador– el plumífero debió sentirse con ánimos de descubrir la ciudad y encontró que el patio de recreo era un buen lugar para pasar, como mínimo, unas vacaciones. No es de extrañar. Gallinas y patos descubrieron hace tiempo que, aunque puedan resultar ruidosos, los niños no son mala compañía y allí tienen su propio corral donde los alimentan y los cuidan y donde han acogido sin aparente dificultad al nuevo inquilino.
Seguramente las clases de hoy incluirán más visitas  de las habituales al gallinero por parte der escolares y profesores, algo que puede hacer crecer todavía más el impresionante ego de un pavo real al que el parque se le quedó pequeño.

Los pavos reales huyen de las obras