domingo 21.07.2019

Teoría de la conspiración

La tierra es plana. El VIH no existe. El holocausto nazi tampoco. Las vacunas causan autismo. Quienes así opinan muchas veces no son analfabetos e incluso pueden llegar a haber estudiado en la universidad. Sin embargo, en un ejercicio de escepticismo mal entendido están poniendo en duda hechos fundamentados sobre los que no debería haber a estas alturas ningún tipo de incertidumbre. Las teorías de la conspiración que pretenden hacernos ver que la realidad es otra son cada vez más pujantes en nuestra sociedad.

No es una cosa para tomársela a la ligera. En Estados Unidos sólo el 66% de los jóvenes entre 18 y 24 años está convencido de que la tierra es un planeta esférico. Los movimientos de antivacunas están provocando la reaparición de brotes de sarampión en muchos países de Occidente, con la pérdida ya de vidas humanas. Lo terrible de todo esto es que parece que hacer entender que las teorías que defienden están equivocadas se está mostrando como un ejercicio inútil.

Todos tienen en común el rechazo a los expertos y la entronización de la opinión propia, despreciando los argumentos contrarios y mostrando una desconfianza general hacia todos aquellos datos que cuestionan sus principios. La ciencia está comprada y los medios generalistas nos manipulan son dos mantras que no se cansan de repetir. Por el contrario, son capaces de abrazar como salvadores a charlatanes y creerse a pies juntillas cualquier post publicado en un blog del que se desconoce su autoría.

A todo esto, se añade ahora según los expertos la influencia de YouTube, que se ha convertido en un verdadero caldo de cultivo para todos estos conspiranoicos. Denuncian estos expertos que el algoritmo de YouTube promociona todas estas teorías por encima de contenido más relevantes y señalan que la exposición continuada a mensajes sobre conspiración provoca la pérdida de la confianza en las instituciones o la ciencia.

Conseguir que todas estas personas cambien de opinión es algo que no se puede lograr con datos y parece que la única forma posible es despertar sus emociones, ya que nuestro cerebro responde mejor a estas. Todo esto ha desembocado en una situación donde los populismos están al orden del día y la desinformación campa a sus anchas en una sociedad que nunca como antes ha tenido acceso a toda la información del mundo en apenas un par de clicks.

Teoría de la conspiración
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