martes 22/9/20

HACER EL PARVO

De las aseguradoras sé lo que todo el mundo: que se les queda en el papo una fortuna

De las aseguradoras sé lo que todo el mundo: que se les queda en el papo una fortuna porque, por ejemplo, cuando los beneficiarios de los seguros de vida  desconocen serlo, no reclaman cuando los suscriptores de las pólizas fallecen ya que si bien es cierto que existe un Registro público dependiente de la Dirección General de Registros y del Notariado en el que las entidades aseguradoras deben darse de alta para enviar periódicamente la información de los contratos suscritos, debe de ser nula o muy laxa la obligación de inscribirlos a la vista de la que pasa: por desconocimiento no pueden ser reclamados. Una estafa más al ciudadano,  que en este caso no se entera y tampoco hay Gobierno que meta mano, entretenidos que están  metiendo mano de otra manera.
Los de coches también tienen sus enjuagues; la estafa económica es menor pero la moral para los clientes, no tiene perdón. Ejemplo: Vía unidireccional. Coches estacionados a ambos lados de la calle. En el sentido de la circulación, a la izquierda, Colegio Infantil X.  Más arriba, a la derecha un garaje. Detenido el coche O, frente al Colegio Infantil X mientras un crío se apeaba para entrar en el colegio, un par de metros más arriba salía del garaje el coche P.
Tras comprobar que el O estaba detenido, el P se incorpora a la vía y cuando se halla girando en el sentido de la circulación, recibe el golpe del O que, habiendo iniciado la marcha “mirando para la puerta del cole” según confesión de la conductora del vehículo responsable del siniestro, impacta frontolateralmente  en la puerta trasera derecha del P, que recibe el golpe de forma oblicua, tal como se aprecia de la simple inspección ocular.
Llamo a la policía. Empieza a llover. De la apariencia de la conductora del O parece deducirse que no habrá problema: me pide el móvil para llamar a su mamá, contándole que el trastazo fue por estar “mirando para la puerta del cole” cuando inicia la marcha y le describe los daños causados: golpe en la puerta, descolgada y no cierra. La poli que no llega. Accede a facilitar los datos: no sabe dónde están los papeles del parte  ni sabe cubrirlos. Idiota de mí, creyendo en su buena disposición y como arreciaba la lluvia, sin más hago foto-móvil al recibo bancario del seguro y a su DNI (no porta ¿no tiene? carnet de conducir); le facilito mis datos y nos despedimos. Yo misma, ¡imbécil de mí!, llamo a la poli: que no venga, ya no hace falta.
Ya en mi taller, enojada cubro mi parte. Tres horas después me llama la joven del O; su mamá quiere pedirme un favor: que si puedo ponerla a ella como conductora para evitar los problemas que se le van a derivar. ¡Estúpida de mí!, regreso al taller, pasamos tipp-ex y cambio el nombre. Me quedo feliz de haberle hecho el favor del siglo a Dña. PPP ¡Seré gilipolla!
Llamo a mi compañía tras dos semanas de espera; me intereso por el estado de la cuestión y recibo la bofetada: haya escrito lo que haya escrito la parte contraria (dice que “circula” cuando estaba “detenida”  apeándose la cría), incluso ateniéndose a lo que yo misma escribí en mi parte, “que salía de un garaje privado” es la frase talismán, soy culpable del siniestro. Protesto porque esa interpretación (como que salgo atolondrada y no hago el ceda al que la salida de garaje obliga) no dibuja la verdad y me dice que logre un parte amistoso ampliando la frase talismán.
PPP, liberada del marrón de que fuese su hija la conductora (rascando con la uñita el tipp-ex queda a la vista el nombre de la moza; no sé si a toro pasado se le iría el favorcito al garete) y también de ser considerada culpable del siniestro, a mi ruego de parte amistoso no tuvo más réplica que interpretar un soniquete sin fin: “no sé nada, no entiendo, habla con mi agencia”. 
En su agencia, Reale Seguros, conocedores de que conducía Y en lugar de P  y como su seguro es a terceros, ¿cómo creen que fue el trato recibido? “Me está haciendo perder el tiempo, su compañía ha aceptado”.
Mi compañía, M. Madrileña, acepta mi culpa sin plantearse si la frase talismán es correcta. Hoy por ti, mañana por mí, las compañías “Se Arreglan Entre Ellas”, nunca mejor dicho. ¿No parecen conchabadas para exonerar a la que le corresponda pagar el mayor daño? Lo de menos es el cliente, al que deberían preguntar antes de dar plácet que le perjudique, si está conforme y lo escrito es fiel a lo sucedido. 
Moraleja: recabar la presencia de la Policía o Guardia Civil, siempre, para no hacer el parvo ¡nunca máis!

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