jueves 29/10/20

Sobre la libertad

sobre todo es pintoresco que los herederos de la dictadura griten pidiendo libertad. Es de verdad un esperpento. Lo piden con ese sentido de propiedad., tan común en la derecha. Pero ya no cuela. Es la misma derecha que en su día gritó aquel “viva las cadenas”. En Madrid, otra vez Madrid, los absolutistas, nos referimos a los que en 1814 coreaban su famoso “muerte a la libertad”, “muera la inteligencia”. Eso era el prólogo. Luego, y de paso, se cargaron la Constitución de 1812.
¡Cómo no! Era  la primera constitución liberal del país y que su texto determina que la soberanía nacional reside en los ciudadanos. Tal vez lo recuerden por lo de Viva la Pepa! Así que ahora, siguen con lo mismo. Sus herederos. Con planilla, y la ayuda del laboratorio de FAES, el gran invento de Aznar, buscan lo mismo y cuentan también con los mismos: el capital compuesto por la élite económica; la iglesia, sus fieles en la administración de la justicia y un ferviente coro compuesto por los medios afines. Ahí está, por ejemplo, el empeño de los populares en bloquear la renovación del Consejo del Poder Judicial y  los tribunales Supremo y Constitucional.. Es el mismo sistema que les dio resultado años y años. Esta afirmación tiene confirmación en la historia, y si tienen curiosidad y paciencia, busquen, repasen las hemerotecas donde encontrarán a sus herederos, los que hicieron su agosto gracias a las concesiones y monopolios que les regaló el franquismo.
Nada nuevo de esta derecha que hoy, se aprovecha de los nuevos medios como las redes sociales para sus mensajes tabernarios, llenos de odio, envueltos en mentiras. Manifestaciones en las calles; llamadas a la insurrección contra un gobierno elegido en las urnas.
En un magnífico artículo Julio Llamazares, buen amigo y excelente poeta y escritor leonés, que les recuerda a los manifestantes, que a lomos de los caballos de sus BMW y Mercedes, gritaban el otro día libertad, libertad lo que era el mejor reconocimiento precisamente de que la hay. Ahora sí. Esa manifestación, con Franco o con aquel ministro que declaraba suyas las calles, no hubiera sido posible. La democracia es tan generosa que permite a sus enemigos ejercer, entre otros derechos, el de la libertad de manifestación. Lo que pasa es que esos patriotas de bandera en alto siempre han creído que España es suya. Su finca. La libertad que piden a gritos la tienen gracias a los que lucharon 

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