viernes 22/1/21

Filosofía en política

Mi querida España, esta España nuestra. Como consta la letra de aquella canción protesta de Cecilia y lanzada al mercado en 1975. ¿Qué ha sido de toda aquella generación de jóvenes que tenían una esperanza en la libertad y el progreso de su país? 

Y lo sentían con orgullo, después de dejar atrás la dictadura del general Franco. Cabanellas, general como el anterior, al elegir al primero como Jefe de Estado, dijo si sabían los que habían hecho, “porque de ahí no lo sacáis ni con agua hirviendo, hasta que se muera”. Esta profecía la había vaticinado en plena contienda civil y se cumplió al pie de la letra.

Se dio paso a una Monarquía bajo la dirección del Juan Carlos I, que renuncio a todos los privilegios que le correspondían para lograr imponer la paz entre todos los españoles y poder pasar de una dictadura a un régimen democrático como así fue y se hizo sin derramar una gota de sangre, porque tanto los vencidos como los vencedores de aquella fratricida contienda así lo acordaron entre los que se hallaban grandes personajes como eran Dolores Ibarruri y el propio Santiago Carrillo, que dejando a un lado sus diferencias aunaron esfuerzos en lograr un acuerdo que satisficiera a todo el mundo.

Una vez logrado el éxito inicial de llegar a buen puerto en las negociaciones políticas para sacar a España del periodo dictatorial y encaminarlo por la senda democrática, se hace una Constitución por los padres que le dieron forma de cómo debía ser nuestro futuro español como nación del entorno Europeo. Una vez aprobada y sancionada, se propuso al pueblo su aprobación, siendo de este modo sancionada en Referéndum Nacional, la validez de la Carta Magna, de la que hoy disfrutamos, es la Carta del pueblo que la hizo posible. A nadie en los Estados Unidos se le ocurre poner en entredicho su Carta Magna, aprobada por el pueblo americano. Aquí fue aprobada por el pueblo español y tiene toda su vigencia y validez, pese a quien le pese.

En lugar de estar hablando de lo que les interesa a algunos partidos radicales descontentos con sus resultados en las urnas, que al paso que van serán todavía peores, sin necesidad de preguntarnos ¿Si en lugar de hablar de lo que algunos desean y quieren, siendo minoritarios, nuestra Constitución les tolera, pero como son intolerantes con la Carta Magna, ateniendo a las leyes y el fundamento de querer cambiar el modelo de Estado de forma caprichosa, no sería mejor ilegalizarlos y quedar fuera de toda la actividad política, si no aceptan las reglas que están marcadas por el pueblo español?

A quién interesa esta disputa de Monarquía o República. Si el país tiene una crisis de órdago, muy difícil de solucionar, una situación sanitaria caótica como consecuencia del virus que nos afecta a todos, el cual no tiene en cuenta la edad ni su estado, o nos ponemos las pilas o esto va a ser un desastre, por la desorganización de la cúpula política. España precisa soluciones a los problemas que ya tiene, no incrementar los mismos con la simple vanidad de desviar el tema esencial, porque a alguien le interesa que no se hable de lo que importa a los españoles, salud, trabajo estable y un salario digno para sus necesidades personales y familiares. Lo demás es marear la perdiz. 

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