jueves 02.07.2020

La opaca muralla del Arsenal de Ferrol

En la segunda mitad del siglo XVIII, el Arsenal de Ferrol se cerró por una muralla de piedra y un foso alimentado por agua del mar, extendiendo su cierre desde el puerto de Curuxeiras hasta el Real Astillero de Esteiro. Esta obra de la Ilustración fue visitada en junio de 1755 por el padre Martín Sarmiento, que escribió que se trataba de “un grande canal o foso hasta el astillero, capaz de barcas y comunicación”, separando el Arsenal y la nueva ciudad de Ferrol “que se hará cogiendo la ladera del Norte”.  

Desaparecido el foso por razones de salubridad, hoy la muralla del Arsenal, de unos siete metros de altura, se extiende a lo largo de unos mil metros entre las Puertas del Dique y del Parque, separando física y mentalmente un Arsenal y una ciudad que nacieron juntos por una decisión de la Corona. La muralla, el “murallón” para los ferrolanos, constituye una antiestética barrera que aísla a Ferrol de las aguas de la ría, significando además un innegable baldón en ese fracasado camino hacia el Patrimonio de la Humanidad. 

En el último tercio del siglo XIX, a causa de la construcción del nuevo dique de San Julián o de la Campana, se derribó el tramo da muralla original del siglo XVIII comprendido entre la puerta del Dique y la zona donde hoy se levanta el edificio de la Pescadería, siendo sustituida por una muralla de nueva construcción, previa ocupación de un terreno que pertenecía a la ciudad, con la consiguiente destrucción de parte de la Alameda original del siglo XVIII. 

Esta parte de la muralla, que no es la original de la época de la Ilustración, debería ser derribada y sustituida por un enrejado metálico, dotado de las apropiadas medidas de seguridad, similar al colocado por la Empresa Navantia en la zona del astillero situada frente a la plaza de las Angustias. De esta forma, quedaría a la vista pública y se pondría en valor el monumental Dique de la Campana, construido bajo la dirección de Andrés Comerma.

De momento se podría mantener como está el resto de la muralla (que realmente es la original), extendida desde la Pescadería hasta la Puerta del Parque, a lo largo del conocido como Puerto Chico del Arsenal, un singular espacio del siglo XVIII, hoy afeado por una serie de construcciones industriales de época posterior, de nulo interés estético, que además, en caso de derribo de la muralla, mostrarían su parte trasera por encontrarse dando frente al mar. 

El problema de la muralla de cierre del Arsenal Militar debe enmarcarse en una solución global del aislamiento sufrido por la amplia fachada marítima que se extiende entre las ensenadas de A Malata y Caranza. Una solución que debe tener en cuenta los respectivos cierres de las instalaciones de la Empresa Navantia y de la Autoridad Portuaria, que aíslan a la ciudad de Ferrol de las aguas de la ría.

En esa solución debe incluirse una decidida actuación del Concello de Ferrol, derribando esos horribles edificios situados a continuación de la Pescadería, que nunca se debieron levantar en la Alameda. De esa manera se pondría en valor el paseo y avenida Irmandiños, hoy convertida en una incómoda y antiestética arteria circulatoria. Parece claro que estas próximas elecciones municipales del mes de mayo constituyen el momento adecuado para que los partidos políticos incluyan esta aspiración ciudadana en su programa. 

Como escribió en cierta ocasión un historiador local, la muralla del Arsenal parece tener hoy en día más la función de impedir que salgan los que están dentro que la misión de evitar que entre alguien en su interior.

Comentarios