viernes 25/9/20

Dimitir por coherencia política

la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y también Abel Caballero, presidente de la FEMP, por coherencia política, deberían haber renunciado a sus respectivas encomiendas, vista la inapelable derrota sufrida por el Gobierno en el intento de aprobar un decreto que en la práctica pretendía poco menos que confiscar los ahorros de los ayuntamientos. En el caso de Caballero, dada su condición de alcalde de Vigo, esa renuncia debería limitarse a la presidencia de la mencionada federación. Dada la trayectoria de Caballero, un político muy popular y no excesivamente proclive a asentir al toque de corneta de la dirección del PSOE, sorprendió que siendo buen conocedor de los problemas que padecen los ayuntamientos apoyara un decreto de corte confiscatorio. Sánchez ha convertido al viejo Partido Socialista de alma y estructura federal en una organización vertical .
Caballero no pudo o no quiso resistir la presión. Que son alcaldes de todos los colores y por eso por primera vez en mucho tiempo en el Congreso pudimos asistir a una votación transversal que dejó atrás siglas y cordones sanitarios. La votación mereció la penas por ése final y por ver la cara de Sánchez, frente a su primera gran derrota. La cara del presidente del Gobierno y la de su ministra de Hacienda de quien,  no se espera el elemental gesto de la dimisión.
La señora Montero se debe llevar mal con los números, porque en veinticuatro horas ha salido a la palestra para decir que, bueno, en fin, que visto el rechazo del decretow, allí donde no se podían tocar los dineros del superávit de los ayuntamientos, en realidad, bien pensado, los alcaldes sí que pueden disponer de esos ahorros. El nuevo decreto que anuncia habla de 3.000 millones.  Hablando del viejo y el nuevo PSOE quizá la señora Montero ha olvidado la lección de coherencia que dio su compañero Corcuera, que renunció al cargo cuando el Constitucional tumbo varios artículos del polémico proyecto de Ley de Seguridad que en las crónicas parlamentarias fue bautizado como “ley de la patada en la puerta”. Caballero que también fue ministro como Corcuera, seguro que recuerda aquel episodio y su desenlace. Una vez le escuché decir Tarradellas que en política se puede hacer todo. Todo menos el ridículo. Pues eso.  

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