martes 22/9/20

Les vale todo

que la transición española, ejemplar en otro tiempo, sufre una estrategia de acoso y derribo es una obviedad. Con ella, quieren llevarse por delante la Constitución y ya de paso, la monarquía parlamentaria ese sistema que nos ha dado más de 40 años de paz a los españoles, auténticos artífices de aquella gesta que supuso la llegada de la democracia a España sin más sangre que la generada por los terroristas asesinos de ETA, seguramente la Constitución que quieren destruir y gracias a la cual los etarras pueden participar en política, algún fallo tenía que tener, no les gusta porque nos hace iguales y consolida un estado de derecho que a ellos nos les vale. Afortunadamente ellos solos no pueden y es entonces cuando aparecen refuerzos de la mano de Podemos, amigos confesos de los etarras, de los separatistas catalanes y de algunos otros asilvestrados con escasa o nula representación política. Todos juntos hacen ruido y generan inestabilidad y todo sería eso si no llegan a recibir la ayuda del imprescindible mamporrero que después de renegar de ellos, los mete en el gobierno con una importante representación que incluye, ni más ni menos, que una vicepresidencia de gobierno y, desde el poder, tienen herramientas suficientes para hacer que el sistema se tambalee. Sánchez les abrió la puerta no queriendo conocer la letanía del caballo de Troya. Podemos necesita anular al Psoe para crecer y radicalizar su mensaje para encontrar grietas en las bases socialistas que los alimenten en las urnas en las que sufren cada proceso electoral pérdidas de votos de aquellos que ya no creen en los paraísos anunciados por Pablo Iglesias que se encuentra cómodo en su nueva mansión y con sus nóminas, engordando sus cuentas corrientes. Iglesias y su compañera ganan sueldos que solo están al alcance de menos del 1% de los hogares españoles, donde quedan los tiempos de” quiero vivir en mi barrio de siempre” o “solo ganaremos tres salarios mínimos profesionales” o “los escraches son jarabes democráticos”, en fin, la “dolce vita” le gusta al comunista Iglesias emulando a los líderes de los países comunistas que viven en la opulencia mientras sus pueblos pasan hambre. Este es el equipo “A” contra nuestra constitución que, sorprendentemente, cuenta con un presidente “monarquicano” que diría Alfonso Guerra, que, al mismo tiempo que alimenta con poder a los antisistema envía cartas a sus afiliados pidiéndoles que defiendan la monarquía, una suerte de “bombero pirómano” sin principios que ocupa la presidencia del gobierno. El episodio del Rey Emérito es la guinda del pastel. Seguramente Juan Carlos I cometió errores, pero a fecha de hoy no se le imputa ningún delito y goza de libertad de movimientos porque tampoco hay sentencia alguna que lo condene. Solo las declaraciones de un ex policía corrupto y encarcelado y una supuesta amante despechada les sirve para acusar al Rey de “huir” o de “fugarse”. Y lo curioso es que se apoyan en las publicaciones de un digital “Okdiario” que era tachado por el propio Iglesias como “una cloaca del estado”. La presunción de inocencia vale para la tarjeta de Dina, la comisión de la tía de Iglesias en la compra de la sede de Podemos o su financiación iraní o venezolana pero no para el Rey, ese que contribuyó definitivamente a la recuperación de la democracia y dio la cara el 23-F. Los moralistas podemitas censuran la vida privada del Rey, acertada o no es la suya y le acusan de cobrar una comisión tres años antes de una adjudicación y supuestamente abonada por el que adjudica una obra, caso insólito porque, hasta ahora, las comisiones las venían pagando los adjudicatarios. Si el Rey aceptó un regalo de la familia real saudí deberá ponerse al día con hacienda y le afearemos la conducta, pero la lapidación mediática y política a la que está sometido no nos puede hacer olvidar todo lo que este hombre ha hecho por España. El odio no es una sentencia, no es justo.

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