Vivir con TDAH en la edad adulta y en la niñez

Vivir con TDAH en la edad adulta y en la niñez
Tamara Pablos, neuropediatra. I CEDIDA

Alrededor del 5% de la población infantil tiene un trastorno por déficit de atención e hiperactividad según la Organización Mundial de la Salud. Más conocido como TDAH, se define como un trastorno del neurodesarrollo, crónico, de mayor prevalencia en la niñez, pero que no se suele diagnosticar antes de los 7 años porque los síntomas asociados a él pueden ser comunes en edades inferiores, como la hiperactividad o la falta de concentración. Sin embargo, si estos se mantienen en el tiempo, dan la señal de alerta. 

En edad adulta, las implicaciones se mantienen 50% de las personas, que pueden llegar a presentar otro tipo de trastornos asociados: ansiedad, depresión, adicciones o problemas en al ámbito laboral si no se tratan. 

 

El TDAH en adultos y mujeres 

 

Claudia Pérez tiene dieciocho años y hace unos meses le pusieron nombre a su dificultad para concentrarse, su hiperactividad y la frustración que le suponía esforzarse sin conseguir resultados. “Yo empecé a saber que me pasaba algo en 2º de bachiller que fue cuando se me complicaba bastante el tema estudio. Estaba muy desmotivada porque no sabía qué me pasaba. Pensaba: soy yo que no valgo para nada o algo me está pasando” reconoce Claudia. 

 

Lo que falla en el TDAH es cómo se procesa la información que se recibe, cómo conectan las neuronas. Esto implica que a las personas que lo padecen les cueste planificar, organizar los datos y utilizarlos. Es un trastorno con base neurobiológica, con alteraciones neurobioquímicas y estructurales en el cerebro que favorece la aparición de los síntomas. “El hecho de que se manifiesten los síntomas está en dos factores muy importantes: la genética (un peso del 75-80%) y el ambiente, todo el entorno que nos rodea” señala Elvira Ferrer, especialista en medicina de familia y comunitaria, médica en el Servizo Galego de Saúde y vicepresidenta de la Fundación INGADA. Con sede en A Coruña, esta fundación surgió en 2014 con el objetivo de dar asistencia en Galicia a personas afectadas por TDAH y trastornos asociados y a sus familias. 

 

Monserrat Blanco es madre de Claudia, posee dos carreras y ahora ejerce de directora y profesora en un centro educativo. Aunque no está diagnosticada, piensa que ella también tiene TDAH. “Yo creo que soy TDAH y cada día lo tengo más claro. Cuanto más leo de Claudia y miro hacia atrás, más me veo reflejada. Incluso mi madre dice que ella también. Un cerebro que no para de hablar contigo, ansiedad, depresión, etc. Nosotros cuando pensamos en TDAH pensamos en otra cosa, parece que si no tienes problemas en el cole no existe” reconoce Monserrat.

 

Un trastorno que va más allá de la inquietud

 

Tradicionalmente, el TDAH se consideraba un trastorno del comportamiento y mayoritario en varones. “Es cierto que el TDAH dentro de sus manifestaciones clínicas tiene una repercusión conductual, pero también de gestión emocional, aprendizaje, etc. Antes solo se asociaba el trastorno a un niño (no niña) muy movido, que iba mal en el colegio. La realidad es que puede verse afectada cualquier persona a lo largo de su vida, independientemente del género y va modulándose” señala Elvira Ferrer. 

 

La explicación reside en los diferentes síntomas que presenta el TDAH. Algunos son más visibles que otros, como la hiperactividad, frecuente en los hombres, frente al déficit de atención, que se reconoce más en mujeres y pasa desapercibido. “El TDAH tiene tres formas de presentación. La presentación más habitual es la combinada: impulsividad, hiperactividad y déficit de atención. La otra es la de predominio inatento, muy frecuente en las mujeres. En un porcentaje mucho menor, presentación de predominio impulsivo (5%)” indica la especialista y vicepresidenta de la Fundación INGADA

 

Por lo tanto, el diagnóstico de las mujeres suele aparecer más tarde y en él influyen cuestiones culturales y hormonales. “Cuando llegan a consulta, muchas veces vienen con problemas asociados que hacen que el tratamiento y abordaje sea más complejo: ansiedad, depresión, problemas de TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria), déficit de autoestima, etc. y eso hay que trabajarlo” señala Elvira.

 

Factores que influyen en la manifestación de los síntomas

 

En el caso de Claudia, la baja autoestima, la ansiedad e indicios de depresión se manifestaron en un año académico complicado y en el que había abandonado el deporte. “Me dijeron que no me habían diagnosticado antes TDAH porque yo hacía mucho deporte (gimnasia acrobática y patinaje artístico) y eso me lo controlaba. Estar diagnosticada fue una tranquilidad porque me sentía mal conmigo misma” reconoce. 

 

A lo largo de su vida, describe que siempre fue una “niña dispersa” pero no tenía problemas en el colegio. Existen diversos factores que mantienen a los síntomas “ocultos” y otros que los potencian. Tamara Pablos, neuropediatra en el Quirón lo ejemplifica de forma clara: “Todos los niños son sensibles al azúcar, les pone nerviosos. Un niño con TDAH se va a ver más afectado, pero no quiere decir que eso le vaya a provocar un TDAH, sino que ya lo tiene” explica la especialista.

 

Mantener horarios y rutinas puede en cambio, controlar esa hiperactividad o incapacidad de organización: “Si una casa es muy rutinaria es probable que el TDAH se manifieste más adelante porque corrige muchos de los déficits del TDAH, pero una casa con horarios más dispares, con varios cuidadores, puede hacer que se dispare más a nivel de conducta” puntualiza la doctora.

 

El TDAH es común y supone un impacto a lo largo de la vida

 

Tamara Pablos reconoce que la mayoría de los casos que atiende día a día pertenecen a trastornos como el TDAH o asociados (cerca del 80%). Los datos apuntan a que representan el motivo principal de las consultas de psicopediatría. 

 

Los más pequeños saben que algo va mal, pero no saben el qué. Se comparan con sus compañeros y observan que tardan más en hacer las tareas o no pueden parar. “Si la tarea es larga, le cuesta permanecer en el tiempo. Si no es algo que repita a todos los días, no integran las rutinas. En el aprendizaje, retienen a corto plazo en el momento, pero cuando tienen que rescatar esa información aparece el problema” explica la neuropediatra. 

 

Además, las personas con síntomas relacionados con el TDAH presentan más probabilidades de caer en algún tipo de adicción. En edades tempranas, este factor se puede ver reflejado en el consumo excesivo de pantallas e internet, mientras que en adultos puede derivar en adicción al juego, al alcohol o al consumo de sustancias. “La adrenalina no deja de ser un neurotransmisor que pone en marcha nuestro sistema de alerta y con este aumenta nuestra concentración” explica Elvira Ferrer.

 

Elvira Ferrer
 Elvira Ferrer, especialista en medicina de familia y comunitaria

 

Entender las circunstancias y fomentar la terapia

 

Se debe entender cuáles son las necesidades de cada persona y cuál debería ser el tratamiento. “No hay que trabajar el TDAH como si fuese la oreja de un individuo, sino al individuo en conjunto. Desde la Fundación INGADAhacemos mucho hincapié en el abordaje integral: clínico, educativo, social, familiar y laboral” señala Elvira Ferrer, médico especialista en el ámbito y presidenta de la fundación que el próximo año celebrará su décimo aniversario. 

 

Desde ella, prestan especial atención a los adultos a través de profesionales de diferentes ramas: abogados, maestros, psicólogos, psiquiatras, etc. y en diversas áreas de trabajo: desde la asistencia como motor principal hasta la divulgación e investigación. En lo que va de año, ya realizaron 434 consultas y el total de beneficiarios asciende a 2.804. 

 

En cuanto al tratamiento, la medicación es un apoyo más, pero la terapia se presenta como la base: “La medicación mejora la atención en el momento que la tomamos, pero a medio o largo plazo la terapia hace que ese déficit tenga una repercusión cada vez menos negativa” señala la neuropediatra Tamara Pablos. 

Vivir con TDAH en la edad adulta y en la niñez

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