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Responsabilidad compartida (y II)

Es cuestión de que todos trabajemos por un planeta más fraterno y justo. Así, los gobiernos han de centrarse en el bien colectivo, en dar respuesta benéfica a tantas gentes abandonadas por el sistema. También hay que proveer de un nuevo sentido a la economía, no puede continuar tan solo del lado de los poderosos, para sus particulares intereses y crecimiento. Necesitamos reorientar producciones y no desperdiciar recursos que son de todos. Además las religiones cuentan con recursos para favorecer juntas el progreso de una alianza ética que promueva el respeto y el cuidado de la creación. Sea como fuere, tenemos que activar la creatividad en la construcción de un futuro saludable y pacífico, siendo sensibles a la voz de los marginados y comprometiéndonos, cada cual desde su misión, para idear un espacio diferente, con el valor de sentirnos rama de un tronco común.


La unidad de la familia humana debe hacerse realidad con ese destino poblacional genérico. Al fin y al cabo, todos somos responsables de lo que sucede en cualquier rincón del globo. Naturalmente, no todo ha de supeditarse a un marco legislativo adecuado y neutral, sino también a la calidad humana de cada ciudadano, al compromiso perseverante de toda persona a trabajar globalmente, consciente de un cumplimiento cooperante. En este sentido, nos alegra infinito que América Latina avance en el reconocimiento de la sociedad del cumplimiento y de la igualdad de género. La XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, concluyó recientemente con una clara apuesta por crear políticas que reconozcan y ayuden a ejecutar el derecho de las personas a cuidar, a ser cuidadas y a ejercer el autocuidado sobre la base de los principios de conformidad, universalidad y corresponsabilidad. En un mundo lleno de conexiones, cuesta entender que perdamos el sentido de la consideración hacia nuestro propio análogo y aún sigamos con el desafecto entre manos.


Las inmoralidades del mundo y de la historia se curan, no con más leña al fuego, sino con más abrazos conciliadores y con otro aliento reconciliador. No olvidemos que somos todos corresponsables. Lo subray

Responsabilidad compartida (y II)

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