me agrada constatar que en el “Día das Letras Galegas”, aparte de otros importantísimos personajes, se tenga presente a nuestra Inmortal Rosalía. Me encanta. Pero me entristece por contra que nuestro igualmente inmortal Pastor Díaz no sea rememorado, celebrado, dado a conocer..., a Galicia, España, al Mundo entero..., como, personalmente, creo se merece. Diré, antes de seguir, que “la exquisita personalísima profunda sensibilidad humano -literario-romántica que embebió las almas de nuestros dos destacados personajes del mundo de la Cultura gallega, diría que universal, conmueven y arrullan la mía —pobrecilla, si es digna de tales afectos- a tal punto que me parece nací, viví, y vivo, cada vez más—ojalá sea digno a ese soñado elevado merecimiento- en eterna unión sentimental a ellos”: Ambos tras ver la luz primera, a la vez que respiraron los alientos de sus respectivos ambientes familiares próximos, (lo que es común con matices a otros muchos gallegos), fueron asimismo sintiendo y manifestando, cada uno con sus cargas cromosómico-genéticas propias, lo que ya les distingue notablemente de otros muchos Gallegos..., sintiendo y manifestando, digo, las intrínsecas peculiaridades de sus mundos respectivos. Cada uno su lugar topográfico, histórico, social...; cada uno, sus tempranas impregnaciones que —como a muchos más- les marcarían para siempre, pero con sus personalísimos modos de sentir y responder. Y ambos también, explotaron hacia sus mundos, hacia el Mundo, su elevadísima sensibilidad romántica, literaria, humana..., al fin de carne y hueso como todos. Para este humilde servidor, que no tuvo la ocasión de escudriñar en las vidas y obra, por ejemplo, de Espronceda o Larra, pero tampoco de Shakespeare o Víctor Hugo, y ni siquiera como uno desearía, los de nuestros referidos autores hoy protagonistas, que se halla imbuido en la idea de que Pastor Díaz y Rosalía de Castro, son, en el “mundo literario romántico” gallego y quizá universal, tan delicados humanamente, exquisitos en pureza, grandeza de recursos profundamente modelados y vertidos..., que no les encuentra parangón.
A Pastor en su niñez y pubertad le afectaron sensiblemente el recogimiento familiar y el ferviente calor hacia su madre que le duraría, manifestado por él mismo, de por vida; los efectos de la relativa proximidad de crueles acontecimientos sufridos en Vivero perpetrados por las tropas francesas; pero la educación y la formación en la Moral Católica, la vida Cristiana..., que darían lugar en sus adentros, a una ascética mística que le adornarían y acompañarían hasta su temprano final. A Rosalía le empañaron su origen genético – familiar, (hija sacrílega, de sacerdote), y las consecuencias de ello derivadas, y ensombrecería su adultez el fallecimiento de aquella hijita bebé por descuido que jamás se perdonó, (de una mesa al suelo cuando le cambiaba la ropita). Ambos, fueron educados ya desde pequeñitos en lo que su familia creyó que era lo más selecto y adecuado; los dos fueron tempranamente desgajados de su “nidito” de idilio... y lo mismo uno que otro sufrirían amargamente más tristezas que alegrías, por el resto de sus vidas.
Los dos, sensibilidad a flor de piel, lloraron en alma y cuerpo hasta su final respectivo. Y ambos, atados a su localista origen, sus dulzores, sus raíces..., vivirían en pena sin su Landro, sus “fontes e regatos pequenos”, respectivamente. Los dos delicados en su salud toda su vida. Y también enamorados del calor de sus raíces y sangres por todo ello. Uno y otro siempre a la búsqueda del bien y escapándole al mal del que ni uno ni otra, se librarían jamás. Dicen que Pastor sufriendo del corazón y las articulaciones, éstos fueron su final; que Rosa sufriera cáncer. Ambos, mis románticos gemelos, ambos murieron “del alma”. Disculpas a discrepantes.