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Sin noticia de las nuevas previsiones

El Gobierno ha decidido no aprobar de momento la revisión del cuadro macroeconómico. La redacción de estas nuevas previsiones, que deben ser entregadas a Bruselas antes del próximo día 30, habían sido anunciadas por la vicepresidenta económica para ayer martes, día de Consejo de Ministros. Parece que tienen más o menos claro qué subida esperar del PIB, pero no se atreven a hacer un pronostico con la tasa de inflación, en realidad a los deflactores debido a la volatilidad de los precios de la energía y el empeoramiento de las cadenas de distribución. La situación en China está en estos momentos provocando un nuevo colapso que está encareciendo aún más, por ejemplo, los materiales para la construcción o los semiconductores.


En todo caso, es extraño que tantos organismos nacionales e internacionales y servicios de estudios sean capaces de hacer una proyección y el Gobierno lleve meses paralizado. Cuando el Gobierno aprobó los Presupuestos Generales del Estado para este 2022 ya todo el mundo sabía que el cuadro macroeconómico no se iba a cumplir, pero el Gobierno prefirió contarnos una milonga y edulcorar la situación. Hay que recordar que la expectativa de crecimiento del PIB es ahora mismo del 7%, cuando la media de las previsiones del consenso de economista no llega ni al 5% en el mejor de los casos. No hay que extrañarse, porque este gobierno ya nos tiene acostumbrados a no atinar con las previsiones. En 2021, pasó algo parecido y aún estamos esperando una rectificación. Por el camino, se ha querido desprestigiar al INE e incluso al Banco de España. A Calviño no le gusta que le saquen los colores y se ponga continuamente en entredicho su habilidad para la prospectiva. Sin embargo, no se puede olvidar que no hace mucho tiempo mostró interés por crear sus propios índices, al margen del INE. Calviño llegó a hablar del “invento” de un PIB diario y una inflación sin tener en cuenta los precios de la electricidad.


En fin, el caso es que los plazos, como en tantos asuntos, se van a cumplir en el último minuto y mientras España no tiene un cuadro macroeconómico, una guía tanto para las Administraciones Públicas como para el sector privado. Es muy raro que con todos los empleados públicos a su servicio sea incapaz de realizar unas previsiones más o menos ajustadas, teniendo en cuenta que, como hacen todos los organismos, éstas pueden ser modificadas en función de las circunstancias. Y no pasa nada. Se llaman previsiones precisamente por eso. Lo que no es de recibo es que se siga intentando maquillar la realidad como si los ciudadanos fuéramos niños.

Sin noticia de las nuevas previsiones

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