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El mundo está enfermo

Las buenas noticias son un bien escaso, prácticamente en vía de extinción. Créanme que no me entrego al pesimismo más bien ejerzo, como muchos de ustedes, una resiliencia activa para tratar de proteger “mi mundo”, mi familia, mi gente, mi entorno. Pero es cierto que la realidad es implacable y la sensación de este mundo es irrespirable, agobiante y nos mantiene a todos bajo una presión estresante que se traduce en una merma de la salud mental colectiva que desconozco a donde nos llevará como humanidad.


Este siglo XXI ,bien nutrido de crisis, de guerras, en muchos casos de hambrunas no está siendo ese paraíso de progreso que algunos nos quieren vender. El mundo ha perdido valores y aquellas cosas que pasaban de vez en cuando y casi siempre lejos de nosotros se nos acercan inexorablemente y ante la pasividad de aquellos a los que hemos encomendado el mando de esta nave global a la que llamamos mundo.


No hay orden, no hay hoja de ruta, no hay destino y, cada vez, queda menos esperanza y reitero que no pretendo ser un profeta del apocalipsis pero tengo el convencimiento de que necesitamos ver la realidad sin ponernos de perfil porque darle la espalda a la vida real es jugar a engañarnos a nosotros mismos practicando la “política del avestruz”, el mundo no se arregla y lo condenamos a empeorar. ¿Acaso este siglo está maldito? ¿Alguien se cree que lo que pasa nos es ajeno? El mundo somos nosotros, usted y yo, nuestro entorno, familia y amigos y si el mundo está enfermo es que nosotros estamos enfermos como sociedad y no somos capaces de diagnosticarnos quizá porque no sabemos o, lo que es peor, porque no queremos. A mi juicio lo primero que está fallando es la educación, se han destruido valores y consensos para vaciar nuestras conciencias.


Cuando leemos “violación grupal en tal sitio”, falla la educación, cuando vemos a niños asesinados a tiros en un colegio, falla la educación, cuando asistimos a guerras injustificables, falla la educación, cuando somos insolidarios, falla la educación, cuando desde la política se crispa a la sociedad, falla la educación, cuando, queridos lectores, falla la educación, el mundo se enferma, se polariza y se enfrenta y cuando a la falta de educación le añadimos la ausencia de valores entonces el mundo está en la UVI y no nos queremos enterar. Cualquier cosa puede pasar desde un mundo sin educación y sin valores y prueba de ello es que las nuevas generaciones muestran ya las consecuencias de este mundo ineducado e inmoral haciendo un uso extremo de una violencia imposible de justificar, este es el desgraciado resultado de la falta de educación de jóvenes que no llegan a los 16 años y de unos mayores que nos hemos despreocupado de su educación. Nosotros no somos inocentes de las cosas que están pasando, entender la educación como un arma política supone la destrucción de una sociedad en la que ya se sustituyen los amigos por consolas y video juegos, la pornografía por un sexo sano y las trampas se entienden como atajos para el éxito. Todos somos culpables sí, pero unos más que otros porque la mediocridad de los gobernantes produce ciudadanos ignorantes. Una política española acaba de decir: “la meritocracia es un mito” y hay que decirle: “y su desvergüenza un delito”.


Dios nos coja confesados…

El mundo está enfermo

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