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La tumba de Angelita y otros tesoros del cementerio parroquial de Serantes

cementerio de Serantes comparten espacios fusilados anónimos y nombres porpios como ,Ángela Ruiz Robles, Gonzalo Torrente Ballester o Amada García, cuyas historias narran guías como Isabel Díaz Robles | c.r.

El cementerio de Serantes se dice que contó en su día con lo que sería un cementerio de disidentes o incluso con uno de niños (donde se enterraría a los nacidos que murieron sin llegar a bautizarse). Aunque hoy el camposanto es para todos, la tumba de Ángela Ruiz Robles se encuentra precisamente en lo que sería esa antigua zona. El cementerio de niños es, así, el mejor sitio para el descanso de una mujer que dedicó su vida a enseñar a los pequeños.

Angelita, como la conocían sus allegados, consiguió su plaza de maestra en Mandiá y posteriormente fue profesora y directora de la escuela de niños del Hospicio de Ferrol. El antiguo Ibáñez Martín fue el último destino de esta profesora, que en el Día de la Mujer en la Ciencia es homenajeada por su faceta más llamativa, la de inventora.

Ángela Ruiz Robles fue la única mujer española en la asociación internacional de inventores de su época y sus creaciones fueron reconocidas y premiadas en muchos países. A ella se debe, entre otros artilugios, una máquina taquigráfica y un atlas gramatical, pero es más conocida como la precursora del ebook por su curiosa enciclopedia mecánica, cuyo prototipo se conserva en el Muncyt de A Coruña.

Pero la tumba de Angelita no es la única llamativa del pequeño cementerio de Serantes. Entre los muchos enterramientos, destacan también los de aquellos fusilados en el año 36 en este camposanto y en el castillo de San Felipe. Se habla de unas 170 o 175 personas que perdieron su vida asesinadas en las paredes de este cementerio y que se encuentran aquí enterradas. En este grupo, algunas de ellas cuentan con placas y fotos y otras no tienen señalización alguna. Una de ellas, con imagen, es la de un valenciano, que junto a otros 39 forman parte de los 42 fusilados del buque Udondo, que hacia el recorrido Gijón-Barcelona y que en uno de sus viajes llevaba a dos gallegos –la tripulación era de 40 personas– que pidieron viajar en él. En alta mar un barco de la Armada los intercepta y los acusa de traidores. Los traen a Ferrol y, pese a los documentos favorables sobre la tripulación, son fusilados.

De entre las personas que yacen en Serantes y que perdieron la vida en los paredones de San Felipe destaca la tumba de Amada García. Esta mujer, mugardesa, fue acusada de traición y condenada, aunque al estar embarazada pudo mantener la vida hasta dar a luz y cuidar a su hijo Gabriel, 60 días antes de ser ajusticiada.

Pero una de las tumbas más conocidas de este cementerio es sin duda la del escritor Gonzalo Torrente Ballester, que eligió el camposanto del concello donde nació –Serantes fue Ayuntamiento hasta el año 40– para descansar, haciendo así honor a su célebre frase “Ferrol es una ciudad lógica enclavada en una tierra mágica” Y en esa tierra rural, de tradiciones y leyendas, descansa con su viuda. 

La tumba de Angelita y otros tesoros del cementerio parroquial de Serantes

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