jueves 24/9/20

Reino Unido reaviva el debate en torno al concurso FSS en el que participa Navantia junto a Harland&Wolff

El proyecto, parado desde noviembre, sigue adelante pese a sus problemas presupuestarios
Navantia presentó su propuesta por primera vez en el evento DSEI, en septiembre de 2019 | CEDIDA
Navantia presentó su propuesta por primera vez en el evento DSEI, en septiembre de 2019 | CEDIDA

El programa Fleet Solid Support (FSS), un concurso internacional para la fabricación de tres buques logísticos para Reino Unido en el que participa Navantia, vuelve a copar las páginas de Defensa de los rotativos británicos. El polémico proyecto, una de las puntas de lanza del gabinete de Boris Johnson durante la campaña del Brexit, vuelve a estar activo tras nueve meses congelado y abierto a la participación de potencias extranjeras, pese a los problemas presupuestarios a causa de la pandemia de coronavirus, lo que ha despertado nuevamente numerosas críticas por parte de patronal y sindicatos.

Desde el anuncio mismo del concurso en 2018, el carácter internacional de este a causa de la legislación antimonopolística europea –que obliga a que todo proyecto que no implique maquinaria de guerra sea de carácter abierto– fue objeto de furiosos ataques por los sectores más conservadores de la política británica. El propio equipo de Johnson –por aquel entonces secretario de Estado para Relaciones Exteriores– utilizó este hecho para cargar contra la Unión Europea y la propia primera ministra Theresa May, exigiendo que se nacionalizase el concurso al tiempo que se formalizaba la salida de la Unión.

La polémica, no obstante, ha vuelto a la palestra tras detallarse en la web de contratos del Ministerio de Defensa del Reino Unido “invitase” a potenciales proveedores a mantener un “contacto comercial” sobre este contrato. La situación, además, se vio agravada al continuar siendo definido el contrato como abierto a proveedores de todo el mundo.

Contrato millonario

La importancia del contrato en el panorama político británico va más allá de su abultado presupuesto –de unos 1.100 millones de euros–. La industria naval del Reino Unido, al igual que buena parte de la europea y norteamericana, se encuentra en horas bajas, lo que ha llevado a numerosas protestas por parte de sindicatos temerosos de que el cuantioso contrato se fabrique en el extranjero.

Precisamente por este motivo Navantia se alió con el legendario astillero de Belfast Harland&Wolff, constructores del Titanic, cuyo cierre parecía hasta aquel momento inminente. Con esta estrategia, el grupo naval español no solo aumentaría su presencia en un mercado extremadamente competitivo, sino que también mejoraría su posicionamiento en caso de que el Gobierno británico finalmente decidiese nacionalizar el concurso.

Furiosas críticas

Así, la decisión del Ministerio de Defensa de mantener abierto el concurso volvió a despertar ácidas críticas por parte de patronal y sindicatos. Ian Waddell, secretario general de la Confederación de Sindicatos de la Construcción e Ingeniería Naval (CSEU), manifestó al diario conservador Telegraph que “les habían dicho” en el pasado que el concurso debía de ser internacional “dadas las reglas de colaboración entre países de la Unión Europea”. “Bueno –continúa–, ya hemos dejado la Unión Europea, así que ¿por qué hay proveedores internacionales invitados a participar en el proyecto?”. Waddell recordó, además, que hace apenas un mes el propio Johnson instó a la industria británica a presentar “proyectos listos para comenzar” para reactivar la economía poscovid, señalando que el FSS es “el perfecto ejemplo” de esto.

Menos recatado en sus críticas fue el Miembro del Parlamento (MP) por Warley y antiguo ministro de Defensa John Spellar, que calificó de “absoluta vergüenza” la decisión. De hecho, el representante acusó al Gobierno de haber “escabullido” el anuncio de que el concurso se haría en abierto “durante un receso parlamentario para evitar escrutinio”, en declaraciones al medio digital Maritime Executive. l

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