Los más pequeños de la casa se suman a la lucha contra el coronavirus

Un padre arenga a los niños antes de entrar en el recinto para recibir su vacuna | j. M.
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Sigue el proceso de vacunación en el recinto ferial de Punta Arnela que esta semana recibe al grupo de menor edad de todos cuantos han pasado por las instalaciones de A Malata hasta la fecha.

Y es que el proceso de inoculación de sueros contra el coronavirus ha llegado ya a los más pequeños, los niños de entre 7 y 5 años. Todos han escuchado hablar sobradamente de las vacunas. Primero se vacunaron sus abuelos, sus padres, sus profesores, sus tíos, sus compañeros más mayores del cole, muchos de sus conocidos, gran parte de su entorno, y ahora les toca a ellos. A pesar de sus miedos y temores, de que no les gusten demasiado las agujas, vuelven a ponerse esas capas de héroes contra el covid que ya lucieron tantas veces durante la pandemia y armándose de valor no han dudado en descubrir su brazo para recibir la esperada vacuna y contribuir en la lucha contra un virus al que temen y respetan a partes iguales. De hecho, gran parte de ellos llevan un tercio de sus vidas manteniendo distancia social, usando geles desinfectantes y mascarillas, algo que forma parte de su día a día y que asumen con total normalidad.

Ayer nos encontramos en FIMO a varios de estos héroes, que posaron orgullosos con su puño en alto y muy satisfechos por formar parte de la lucha en contra del “dichoso virus”, como ellos mismos califican al covid.

Martín, Dani, Pablo, Lúa, Andrea y Alison, todos con seis años cumplidos en el último trimestre del año pasado, son compañeros en el Colegio Jorge Juan de Perlío y ayer coincidieron para ponerse su vacuna. Todos llegaron con temor al pinchazo pero salieron muy contentos. “Al principio tenía miedo y lloré un poco al ver a la chica pero no me dolió nada de nada”, asegura Lúa Bonet, que al ver a sus compañeros se sintió arropada y perdió parte de ese temor con el que llegaba. “Hay que vacunarse para acabar con el virus y volver a juntarse”, manifestaba la pequeña Alison.

Abrazos, miedos y lloros formaban parte de la estampa al llegar al centro de vacunación, sin embargo la mayoría abandonó las instalaciones con una sonrisa en sus caras, contentos por sumar un nuevo logro en la lucha contra el coronavirus.

Los más pequeños de la casa se suman a la lucha contra el coronavirus